La Mente Parlanchina

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¿Sabe?, percibir algo es una experiencia asombrosa. No sé si alguna vez ha percibido realmente algo: una flor o un rostro o el cielo o el mar. Desde luego, ve estas cosas cuando pasa cerca de ellas en un autobús o en un automóvil; pero me pregunto si alguna vez se ha tomado la molestia de mirar realmente una flor. Y cuando sí mira una flor, ¿qué ocurre? Inmediatamente la nombra, se interesa en saber a qué especie pertenece, o dice: «¡Qué hermosos colores tiene! Me gustaría que creciera en mi jardín; quisiera obsequiársela a mi esposa, o ponérmela en el ojal», etc. En otras palabras, apenas ve una flor, su mente comienza a parlotear al respecto; por consiguiente, jamás percibe la flor. Uno percibe algo sólo cuando su mente está en silencio, cuando no hay parloteo de ninguna clase. Si usted puede mirar la estrella vespertina que asoma sobre el mar, mirarla sin un solo movimiento de la mente, entonces percibe de veras su extraordinaria belleza; y cuando percibe la belleza, ¿no experimenta también el estado de amor? Por cierto, la belleza y el amor son la misma cosa. Sin amor no hay belleza, y sin belleza no hay amor. La belleza está en la forma, la belleza está en el hablar, la belleza está en la conducta. Si no hay amor, la conducta es trivial; es meramente el producto de la sociedad, de una determinada cultura, y lo que produce es mecánico, carente de vida. Pero cuando la mente percibe sin la más leve agitación, entonces es capaz de mirar a una profundidad total dentro de sí misma. Y una percepción semejante es realmente intemporal. Usted no tiene que hacer nada para provocarla; no hay disciplina, ni práctica, ni método por el cual pueda uno aprender a percibir.

13 DE OCTUBRE OCK- Vol. XI

La Accion, Silencio y Mente Religiosa (P-3)

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Parte 3 de 3

Todo aquel que quiera encontrar una nueva vida, una nueva forma de vivir, debe investigar y captar esta extraordinaria cualidad del silencio.

Así pues, el silencio la meditación y la muerte están íntimamente relacionados. Sin morir al ayer no es posible el silencio; sin embargo, el silencio es necesario, absolutamente necesario, para actuar sin acumular y, por tanto, sin establecer ninguna inercia. La muerte se convierte en algo feo y temible cuando uno siente que puede perder todo lo acumulado, pero si a lo largo de la vida, desde ese mismo momento, no acumula nada, entonces no existe eso que llaman muerte, entonces vivir es morir y no hay separación.

El vivir que nosotros conocemos es desdicha, confusión, desorden, tortura, esfuerzo, con una ocasional y fugaz percepción de la belleza, del amor y de la dicha; ese es el resultado de esta obscura conciencia que en sí misma es incapaz de generar una nueva acción. Todo aquel que quiera encontrar una nueva vida, una nueva forma de vivir, debe investigar y captar esta extraordinaria cualidad del silencio; y sólo puede haber silencio cuando uno muere al pasado, sin ningún razonamiento ni propósito, sin decir: <<Conseguiré una recompensa >>. Todo este proceso es meditación y trae a la mente esa extraordinaria actitud vigilante en la que no existe ningún atisbo de obscuridad, ningún rincón sin explorar, nada por ver, es decir, no queda ningún recoveco por examinar.

De manera que la meditación es algo extraordinario, por su misma naturaleza es una dicha inmensa porque hay silencio, el cual en sí mismo es acción; la esencia del silencio es acción. Entonces, es posible vivir la vida, vivir cada día, desde el silencio y no desde el conocimiento, exceptuando el conocimiento tecnológico. Esa es la única mutación posible para el hombre. Sin ella viviremos una vida que no tiene ningún significado, solo habrá sufrimiento desdicha y confusión.

Madrás (Chennai), quinta charla, 5 de enero de 1966
Obras completas, tomo XVI

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Investigar significa tener una mente sana, vital, que no se deja persuadir por las opiniones propias o de otro, por eso es capaz de ver con mucha claridad, en todo momento, cada cosa a medida que surge, a medida que fluye. La vida es un movimiento de relación, lo cual es acción, y a menos que haya libertad la simple rebeldía no tiene ningún valor. Un hombre verdaderamente religioso nunca se rebela porque es un hombre libre; no libre de nacionalismo, codicia, envidia y de todo eso. Simplemente es libre.

Madrás (Chennai), primera charla, 16 de diciembre de 1964
Obras completas, tomo XVI

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Creo que una mente que no es capaz de ver y sentir por completo la hermosura de la tierra, del cielo, de la palmera, del horizonte, la hermosura de un rasgo, de un rostro, de un gesto, nunca puede comprender eso tan extraordinario que es la belleza y la libertad. […]

Es evidente que la mayoría hemos perdido, o nunca hemos tenido, ese verdadero sentir. Nuestra educación, la manera como vivimos, nuestros hábitos, tradiciones y costumbres cotidianas han impedido ese sentir de la mente. […] Si existe ese sentir, entonces de ahí nace una acción mucho más global, mucho más potente que la acción intelectual de los bienhechores y reformadores, porque hay comprensión, se siente tanto lo feo como lo hermoso, aunque no como opuestos. Ese sentir es básico si queremos comprender el proceso de nuestra existencia y las variantes de nuestro pensar, lo cual significa comprender la profundidad y la amplitud de la vida, así como esa cosa extraordinaria la cual llamamos el ‘yo’. Para comprender este ‘yo’ con todas nuestras alegrías, luchas, sufrimiento, intenciones esperanzas, miedos, ambiciones, envidias, celos, etc., debe de haber un profundo sentir y no simple imaginación. Como seguramente saben, si uno siente algo ve con mucha más intensidad, con mayor inteligencia y claridad; no sé si han observado que cuando aman a alguien, o cuando detectan algo realmente extraordinario en una persona, se vuelven mucho más inteligentes, más intensos y atentos, ¿no es así?. Existe también la astucia, un estado de atención que viene de la concentración; pero en eso no hay un verdadero sentir ni tampoco afecto. […]

Pero, como saben, la dificultad está en que, a menos que perciban, que vean la totalidad del firmamento, la belleza de la noche, la mañana, el atardecer, nunca harán nada que merezca la pena, excepto las pequeñas y mezquinas actividades de la vida cotidiana. A menos que comprendan esto por completo, su existencia seguirá siendo miserable y dolorosa, pero si perciben esa cosa enorme llamada vida, si la sienten, podrán afrontar las cosas prácticas con precisión, claridad y seriedad. Sin embargo a la mayoría solo les interesa el beneficio inmediato, resultados inmediatos, les interesa el placer o dolor inmediato. Por eso me parece que es muy importante, si queremos comprendernos a nosotros mismos, que exista ese sentir. Para la mayoría ese sentir está muerto, porque si uno ve a diario la misma pobreza, la misma decadencia, el mismo sufrimiento, la misma lucha, las mismas costumbres y hábitos, la muerte se vuelve torpe, indolente, insensible, y así es muy difícil sentir. […]

Si vamos más allá cuidadosamente, descubriremos como el apego  destruye el sentir, porque todo nuestro apego está formado por cosas muertas; no es posible estar apegados a algo vivo más allá del apego que uno pueda tener a un rio o al mar, porque las cosas vivas están en constante movimiento. De manera que cuando dice que está apegado a su hijo, a su hija, a su esposo, si puede mirarlo cuidadosamente dentro de sí mismo, se dará cuanta de que no puede estar apegado a una persona viva, porque esa persona está en constante cambio, transformándose, en estado de convulsión, de modo que el apego es a la imagen que tiene de esa persona, ¡Pero la imagen es algo muerto! Así pues, miren lo que hace la mente: crea imágenes, ¡y se apega a cosas muertas!

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Ahora bien, si realmente han comprendido todo esto , no solo verbal o intelectualmente, si realmente sienten conmigo que esto es algo verdaderamente serio, entonces verán que es posible ir a la oficina, tomar un autobús y funcionar en la vida diaria con una cualidad distinta, con una nueva cualidad en la mente. Después de todo, uno no puede dejar de hacer los trabajos cotidianos, la actividad diaria, esa rutina a la cual está apegado, y si uno está apegado a la fuente de la que brota el agua no puede fluir con las aguas llenas de vida. Para captar la verdad de esto  se necesita no sólo una percepción directa, pensar con claridad, una mente cuidadosa, sino también un sentido de belleza. Sí lo han comprendido, se darán cuenta de que el apego a dejado de tener una gran importancia, no es necesario que luchen para liberarse de él, cae por sí mismo como una hoja que se lleva el viento. Entonces la mente se vuelve tremendamente vital, despierta, precisa, y deja de estar confundida.

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Solamente es posible tener ese sentir explosivo si se comprende todo el proceso de uno mismo y de los apegos. Si son capaces de explorar, de examinar, de investigar esto a lo que llamamos apego, entonces empezaran a aprender, y el aprender elimina las cosas muertas, el aprender es lo que transmite ese sentir a la acción. Puede que uno al actuar cometa un error, pero ese error forma parte del constante proceso de aprendizaje. Actuar significa que uno está intentando ver, descubrir, comprender, no simplemente tratando de conseguir un resultado, porque todo resultado es algo muerto, y la acción se vuelve muy insignificante y mezquina si uno no comprende el centro, el actor. Nosotros siempre separamos al actor de la acción, el ‘yo’ siempre hace esto y, de ese modo se convierte en algo muerto.

Sin embargo, si empiezan  a comprenderse a sí mismos, lo cual es conocimiento propio, lo cual significa aprender acerca de uno, entonces ese aprender es algo muy hermoso, extremadamente sutil, como las aguas llenas de vida. Si comprenden eso y, con esa comprensión, actúan – no con la acción del pensamiento, sino a través del proceso de aprender -, descubrirán que  la mente ha dejado de estar muerta, de estar apegada a cosas muertas o moribundas. Entonces la mente es extraordinaria, es como el horizonte, el infinito, el espacio; no tiene medida. Una mente así puede profundizar muy hondo y convertirse en el universo, en lo eterno. Desde ese estado es posible actuar en el tiempo pero con un sentir de forma diferente. Todo esto no requiere tiempo cronológico, días, semanas o años, sino comprenderse a sí mismo,  lo cual puede hacerse en el instante; a partir de ahí uno descubrirá lo que es el amor, ese amor que no conoce celos, envidia o ambición y que no tiene amarres. Ese es un estado en el que no existe en tiempo y, por eso, la acción adquiere un significado totalmente diferente en nuestra vida diaria.

Madrás (Chennai), quinta charla, 5 de enero de 1966
Obras completas, tomo XVI

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La Vida es Accion…

La Accion, Silencio y Mente Religiosa (P-2)

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parte 2 de 3

Una mente que está completamente vacía, vacía en el sentido de que observa, de que está en silencio y, por eso, ama, comprende perfectamente la muerte; una mente así es creativa…, y sólo esa mente religiosa puede resolver los problemas de la desdicha de este mundo.

¿Se han preguntado alguna vez porque los científicos tienen tanta energía? Si alguna vez han visitado un laboratorio de investigación de primera clase, habrán visto la extraordinaria energía y actividad que tiene un científico, porque está tratando de investigar cosas externas sin oponer resistencia, se mueve de hecho en hecho, no se deja llevar por teorías, hipótesis o especulaciones; no es teórico, es un técnico con una visión genuina, clara, que observa cada cosa en el microscopio. Sin embargo, aunque tenga mucha energía mientras está en el laboratorio, al salir fuera es exactamente igual que cualquier otra persona, tiene preocupaciones, lucha por una posición, es agresivo, nacionalista, está atrapado en creencias religiosas o ha inventado su creencia particular, etc., lo cual supone un derroche de energía.

Para observar, la mente debe estar en completo silencio, en última instancia si el científico está mirando algo en el microscopio o cualquier cosa que haga, está observando desde el silencio y no desde el conocimiento; lo que ve lo traduce posteriormente en términos del conocimiento, y de ahí surge una acción; pero la clave está en que él observa desde el silencio, un silencio de una fracción de segundo o una hora; esa es la única manera de observar.

Por tanto, cultivar el silencio de la mente es absurdo, no es posible practicar y llegar a ese silencio de la mente; sin embargo, para mirar, para observar, es necesario estar en silencio. Si la mente está parloteando, no es posible ver la puesta de sol, sólo es posible verla en su totalidad cuando la mente tiene esa quietud e intensidad tan extraordinaria; finalmente eso es belleza. Es decir, percibir la belleza o la no-belleza sólo es posible cuando hay pasión, cuando uno mira la puesta de sol con intensidad, pero no es posible sentir esa intensidad si uno no está en silencio. Así pues, uno empieza a ver la importancia de que la mente esté en silencio cuando observa, y para observar no necesita disciplinar la mente para que esté en silencio, porque entonces es una mente muerta. No obstante la mente que observa desde el silencio crea su propia disciplina, no necesita disciplinarse porque está observando.

La observación desde el silencio es pasión, es energía, y uno puede observar sus miedos. La mayoría de las personas tiene miedo, miedo a la muerte, miedo a esta vida vacía he inútil, y debemos afrontar ese miedo, observarlo sin ningún movimiento, sin intentar transcenderlo ni oponer resistencia, sin intentar liberarnos de él. El intentar eliminarlo, superarlo o reprimirlo es un derroche de energía, mientras que si uno observa el movimiento completo del miedo, esa observación desde el silencio aporta la energía necesaria y el problema del miedo desaparece.

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La mente religiosa es una mente que comprende la familia y su lugar en relación con el todo, es una mente que no busca autoridad ni posición, que no está atrapada en ningún ritual, en ningún dogma o creencia, en ninguna iglesia ni templo organizado, es una mente que no tiene ningún interés en crear ilusiones. La mente religiosa en una mente que mira los hechos y, por tanto, no necesita hacer esfuerzo alguno cuando actúa. […]

Uno puede ser un gran ciudadano y no hace falta retirarse a un monasterio o convertirse en sannyasi, puede ser un técnico eficiente o un ser humano rodeado de máquinas, si actúa desde esa observación silenciosa y sin esfuerzo, porque esa es la única acción que no genera odio, enemistad, competitividad; entonces verá que a través de esa observación y ese silencio hay espacio y amor.

El amor significa morir cada día, el amor no es memoria ni pensamiento; el amor no tiene continuidad que se extienda en el tiempo y a través de la observación, uno debe morir a todo lo que tenga continuidad, porque entonces hay amor y con el amor llega la creación.

La creación es algo difícil de comprender. El hombre que escribe un poema, por más hermoso que sea, cree que eso es ser creativo; el hombre y la mujer que tiene hijos piensan que son creativos; el hombre, el cocinero que hace pan, piensa quizá que también es creativo. Pero la creación es mucho más que eso. El hombre no es creativo por el simple hecho de escribir un libro o sentirse realizado a través de una pequeña y mezquina ambición. La creación no es una estructura hecha por el hombre, ni por el conocimiento tecnológico que ha logrado, no es el resultado de ese conocimiento tecnológico, que es una mera invención. La creación es intemporal, no tiene ayer ni mañana, vive fuera del tiempo, y sólo es posible llegar a ella de forma natural, cuando se comprende todo el problema de la existencia.

Así pues, una mente religiosa es todo esto y entonces se conoce, o más bien está en un estado que es creativo en cada momento, actuando siempre desde esa extraordinaria sensación de vacuidad.

No sé si han observado que un tambor está vacío y cuando uno lo tañe emite el sonido correcto, sin embargo está vacío. Nuestras mentes nunca están vacías, están siempre saturadas y, en consecuencia, nuestra acción nace de ese agobiante ruido del pensamiento, de la memoria, de la desesperación, y por tanto la acción siempre es contradictoria y trae enorme desdicha.

En cambio una mente que está completamente vacía, vacía en el sentido de que observa, de que está en silencio y, por eso, ama, comprende perfectamente la muerte; esa mente es creativa y la mente creativa en todo momento está vacía, actúa desde ese vacío, habla desde ese vacío, por consiguiente siempre está con la verdad y nunca genera en sí misma un engaño. Sólo esa mente religiosa puede resolver los problemas de la desdicha de este mundo.

Madrás (Chennai), séptima charla, 6 de enero de 1965
Obras completas, tomo XV

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parte 3 —>

La Accion, Silencio y Mente Religiosa (P-1)

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Podemos ayudarnos mutuamente a encontrar la puerta a la realidad, pero cada uno debe abrir esa puerta por sí mismo, y esta es, a mi parecer, la única acción positiva.

Solo cuando la mente deja de ser ambiciosa, cuando deja de buscar y exigir, tiene libertad para descubrir lo que es la verdad, Dios.

Por eso es tan importante conocerse a sí mismo, no a través del análisis en el que una parte de la mente analiza a la otra parte, lo cual solo conduce a mayor confusión, sino que se trata de darse cuenta realmente – sin juicio ni condena del modo en que actuamos, de las palabras que usamos – de nuestras distintas emociones, de nuestros pensamientos ocultos. Si podemos mirarnos a nosotros mismos sin excitación, sin reprimir las emociones escondidas sino invitándolas a salir para comprenderlas, entonces la mente permanece tan quieta que tiene la posibilidad de llevar una vida de plenitud.

Estas son las cosas que creo que deberíamos investigar juntos; Podemos ayudarnos mutuamente a encontrar la puerta a la realidad, pero cada uno debe abrir esa puerta por sí mismo, y esta es, a mi parecer, la única acción positiva.

Así pues, cada uno de nosotros debe producir una revolución interna, religiosa. Únicamente una revolución interna y religiosa pueden transformar por completo nuestra forma de pensar. Para generar tal revolución, es necesario observar en silencio las respuestas de la mente, sin juzgar, sin condenar y sin comparar. Hoy en día y tomando el verdadero sentido de la palabra, la mente no es creativa ¿Verdad?, es tan sólo un producto fabricado de la memoria acumulada. Donde hay envidia, ambición y egoísmo, no puede haber creatividad. Por tanto lo único posible es comprenderse uno mismo y descubrir cómo funciona nuestra mente. Dicho proceso de comprensión es un proceso arduo. No es posible hacerlo de forma casual, en el futuro, mañana, sino todo lo contrario, debe hacerse cada día, cada instante, todo el tiempo. Comprenderse uno mismo es darse cuenta de manera natural y espontanea de todas las actividades de nuestro pensar, de forma que veamos todos los móviles y todas las intenciones ocultas detrás de nuestros pensamientos, para así poder liberar a la mente de su propia atadura y limitación. Entonces la mente permanece quieta y, en esa quietud, algo que no pertenece a la mente puede manifestarse por sí mismo.

Estocolmo, primera charla, 14 de mayo de 1956
Obras completas, tomo X

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¿Puede mirar sin la palabra todos y cada uno de sus problemas…?

Posiblemente pueda mirar una flor, una nube o un pájaro en vuelo sin centro, sin una sola palabra, sin esa palabra que crea el pensamiento, pero ¿es posible mirar sin la palabra todos y cada uno de nuestros problemas, el problema del miedo, del placer? Porque la palabra genera, crea el pensamiento, siendo el pensamiento memoria, experiencia, placer y , por tanto, un factor de distorsión.

En realidad se trata de algo muy simple y, debido a que es tan simple, desconfiamos, preferimos lo complejo, lo enrevesado, pero lo complicado siempre lleva el perfume de las palabras. Si puedo mirar una flor sin verbalizar, y puedo hacerlo, cualquiera puede hacerlo si pone suficiente atención, ¿podemos mirar también nuestros problemas con esa misma atención objetiva, no-verbal? ¿Podemos mirar desde ese silencio sin la palabra, mirar sin que la maquinaria del pensar intervenga como placer y tiempo? ¿Podemos simplemente mirar? Creo que este es el quid de la cuestión, no abordar las cosas desde la periferia, lo cual complica la vida tremendamente, sino mirar la vida y sus innumerables dificultades, como la subsistencia, el sexo, la muerte, la desdicha, el dolor de estar terriblemente solo, mirar todos eso sin conclusiones, desde el silencio, lo cual significa sin un centro, sin la palabra que provoca un reacción del pensamiento, que es memoria y, por consiguiente, tiempo. Creo que ese es el verdadero problema, la verdadera cuestión, si la mente puede observar la vida y actuar de inmediato – no primero la idea y luego la acción – , de forma que todo conflicto termine.

Londres, sexto diálogo público, 9 de mayo de 1955
Obras completas, tomo XV

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¿Cuándo hay silencio, de ese silencio nace la acción, y esa acción nunca es complicada, confusa o contradictoria.

Por tanto el silencio sobreviene cuando existe ese estado de soledad, y ese silencio está más allá de la conciencia.

La conciencia, el consciente o el inconsciente, es placer, pensamiento y también la estructura que genera todo eso; en ese campo nunca puede haber silencio y, por eso, cualquier acción en ese campo siempre genera confusión, dolor y desdicha.

Únicamente cuando una acción nace del silencio, el sufrimiento termina, y a menos que la mente esté libre de todo sufrimiento, personal o de cualquier otro tipo, vivirá en la obscuridad, en el miedo y la ansiedad.  Por consiguiente, sea cual sea su acción siempre habrá desorden; no importa la decisión que tome siempre generará conflicto. Si uno comprende todo esto, viene el silencio, y donde hay silencio hay acción; el silencio en sí mismo es acción, no significa que primero deba haber silencio y después acción. Probablemente nunca han experimentado ese silencio completo. Desde ese silencio pueden perfectamente hablar, no importa que tengan recuerdos, experiencias y conocimientos. Si no tuvieran ningún conocimiento ¡no podrían hablar! Cuando hay silencio nace la acción, y esa acción nunca es compleja, confusa ni contradictoria.

Mándras, sexta charla, 9 de enero de 1955
Obras completas, tomo XVI

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[…] Estamos  moviéndonos de hecho en hecho con sumo cuidado y prudencia, al fin y al cabo así es como investiga el científico. Puede que el científico tenga diversas teorías, pero las deja de lado en el momento que afronta los hechos. Lo que le interesa es la observacion de las cosas externas, las cosas relacionadas con la materia, estén cerca o lejos, para él, lo unico que existe es esa materia y la observación de esa materia, del movimiento externo. Sin embargo a la Mente Religiosa le interesa el hecho y moverse con el hecho, de tal manera que el movimiento externo sea un proceso unitario junto con el movimiento interno, los dos movimientos no están separados. El hombre religioso se mueve de lo externo a lo interno como la marea, en un constante movimiento de fuera hacia adentro y de dentro hacia afuera, de tal manera que existe un perfecto equilibrio y un sentido de integración, lo externo y lo interno siendo un mismo movimiento unitario, no dos movimientos separados. […]

Hemos estado hablando de la mente religiosa y la mente científica. Cualquier otra mente es una mente malintencionada, ya sea la de una persona culta, la de un brillante erudito o la del sannyasi que ha renunciado a esto o a aquello; la mente política, por supuesto, es la más destructiva. La mente que de verdad es cientítica observa, examina, desmenuza, se adentra en el movimiento externo de la vida sin depender de ningún compromiso. Puede que el científico tenga algún compromiso fuera del laboratorio, donde sigue siendo un ser humano condicionado, pero dentro del laboratorio tiene ese espíritu inquisitivo y esa firme investigación de la búsqueda del hecho; ese es el único propósito del campo científico y asi deben ser nuestras mentes para poder comprender. La mente debe comprender tanto lo externo como lo interno, y debe comprender también que estos son los dos únicos hechos reales. Debemos empezar a comprenderlos como un proceso unitario, pero solo la mente religiosa puede comprender este proceso unitario, y entonces cualquier acción que surja de esa mente religiosa será una acción que no generará confusion ni desdicha.

Bombay, séptima charla, 5 de marzo de 1961
Obras completas, tomo XII

parte 2  —>

La Mente Excelente

Si la mente es capaz de escuchar, de ese mismo escuchar nace una mente excelente y de esa mente puede surgir la acción.

Me parece muy importante comprender la cualidad de la mente y sacar la máxima excelencia. La mayoría no estamos interesados en la excelencia de la mente, solo nos interesa lo que debemos hacer. La acción se ha convertido en algo mucho más importante que la cualidad de la mente; sin embargo, para mí, la acción es secundaria. Si me permiten expresarlo, la acción no importa, no es lo importante, porque una mente excelente es asombrosamente creativa, y por tanto de esa asombrosa creatividad surge la acción correcta, una acción que cambia el ‘hacer es ser’ por ‘ser es hacer’.

A la mayoría la acción nos parece vital, importante, y, debido a eso, nos quedamos atrapados en ella, pero por mucho que lo parezca el problema no es la acción. A casi todos nos preocupa cómo vivir, que hacer en ciertas circunstancias, si optar por este o aquel partido político, etc. Si observan verán que por lo general nuestra búsqueda se centra en averiguar cuál es la forma correcta de actuar y, por eso, aparece la ansiedad, la persecución de conocimientos o la búsqueda de un gurú. Buscamos para saber qué debemos hacer, y esta forma de afrontar la vida conduce necesariamente a un gran sufrimiento  y una gran desdicha, a la contradicción no solo dentro de uno sino también en lo social, que por fuerza genera mucha frustración. Para mí la acción es inevitable cuando uno está con lo que es, o sea, escuchar en sí mismo es un acto de humildad. Si la mente es capaz de escuchar, de ese mismo escuchar nace una mente excelente y de esa mente puede surgir la acción. Mientras que sin esa excelencia de la mente, sin esa extraña y asombrosa cualidad creativa, el simple buscar cómo actuar conduce a la mezquindad  y a la superficialidad de la mente y el corazón.

No sé si han advertido como a la mayoría nos preocupa lo que debemos hacer. Probablemente nunca hayan experimentado esa cualidad de la mente que percibe de inmediato la totalidad, estado en el que la percepción misma de la totalidad es su propia acción. Creo que es importante comprender esto porque nuestra cultura nos ha hecho muy superficiales, imitadores, esclavos de la tradición, incapaces de tener una visión amplia, profunda, porque la acción y los resultados rápidos han cegado nuestros ojos. Observen su propia mente y verán que les preocupa cómo deben actuar. Esta constante actividad de la mente centrada en lo que deben hacer solo conduce a pensar de forma muy superficial; sin embargo, si la mente se interesa por percibir la totalidad, no ‘cómo’ percibir la totalidad, ‘que’ método usar, lo cual de nuevo significa estar atrapado en la acción rápida, entonces verán que de ese interés nace la acción, y no al revés.

Bombay, quinta charla, 18 de mayo de 1956, Obras completas, tomo IX

La Vida es Acción

La Mente sin Ataduras

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La transformación del mundo resulta de la transformación de uno mismo, porque uno mismo es producto y parte del proceso total de la existencia humana. Para que uno pueda transformarse, es esencial que se conozca; sin conocer lo que somos, no hay base para el recto pensar ni puede haber transformación alguna. Uno debe conocerse tal como es, no como quisiera ser, lo cual es tan sólo un ideal y, por lo tanto, es algo ficticio, irreal; sólo lo que es puede ser transformado, no lo que uno desearía ser. Conocernos tal como somos requiere una vigilancia extraordinaria de la mente, porque lo que es experimenta modificaciones, cambios constantes; y para poder seguirlos con rapidez, la mente no debe estar atada a ningún dogma, a ninguna creencia en particular, a ningún modelo de acción. Si uno quiere ir en pos de algo, no es bueno estar atado. Para conocernos a nosotros mismos, nuestra mente debe hallarse en un estado de percepción alerta, de vigilancia, estado en el que se halla libre de todas las creencias, de todas las idealizaciones, porque las creencias y los ideales nos dan un solo color, falseando la verdadera percepción. Si queremos saber lo que somos, no podemos imaginar algo que no somos ni creer en ello. Si soy codicioso, envidioso, violento, de poco vale que tenga meramente un ideal de no-violencia, de no codicia […]. La comprensión de lo que somos ‑feos o hermosos, malvados o dañinos, lo que fuere-, el comprender sin distorsión alguna lo que realmente somos, es el principio de la virtud. La virtud es esencial, porque ella nos brinda libertad.

24 de Enero, La libertad primera y ultima (LPU)

– Jiddu Krishnamurti (The book of life)


To My Friend… In Her Day =)

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