Si Dios no es Dios

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Un hombre que cree en Dios, jamás puede encontrar a Dios. Si usted está abierto a la realidad, no puede «creer» en la realidad. Si está abierto a lo desconocido, no puede haber creencia en lo desconocido. Al fin y al cabo, la creencia es una forma de auto-protección, y sólo una mente trivial puede «creer» en Dios. Considere la creencia de los aviadores durante la guerra; según ellos, tenían a Dios por compañero ¡mientras arrojaban las bombas! De modo que uno cree en Dios cuando mata, cuando está explotando a la gente. Ustedes adoran a Dios y siguen despiadadamente extorsionando dinero, apoyando al ejército… pese a lo cual afirman que creen en la piedad, en la compasión, en la bondad […]. En tanto exista la creencia, jamás puede existir lo desconocido; usted no puede pensar en lo desconocido; el pensamiento no puede medirlo.

La mente es producto del pasado, es la consecuencia del ayer; ¿puede una mente así estar abierta a lo desconocido? Sólo puede proyectar una imagen, pero esa proyección carece de realidad; así que su Dios no es Dios, es una imagen de su propia hechura, una imagen para su propia satisfacción. La realidad puede existir sólo cuando la mente comprende el proceso total de sí misma y ese proceso llega a su fin. Cuando la mente está por completo vacía, sólo entonces, es capaz de recibir lo desconocido. La mente no se purifica hasta que comprende el contenido de la relación -su relación con la propiedad, con la gente-, hasta que ha establecido la correcta relación con todo. Hasta que la mente no comprende el proceso total del conflicto en la relación, no puede ser libre. Sólo cuando está completamente silenciosa, por completo inactiva, sin proyecciones, cuando no busca y se halla absolutamente quieta, sólo entonces se manifiesta aquello que es eterno, intemporal.

18 DE DICIEMBRE OCK – Vol. VI

El Perdonar no es Verdadera Compasión

 

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¿Qué es ser compasivo? Por favor, descubra por sí mismo, sondéelo, vea si una mente lastimada y que puede lastimar es capaz de perdonar alguna vez. ¿Puede hacerlo? Y una mente así, susceptible de ser lastimada, que está cultivando la virtud, que es consciente de ser generosa, ¿puede ser compasiva? La compasión, como el amor, es algo que no pertenece a la mente. La mente no tiene conciencia de que es compasiva, de que ama. Pero en el momento en que usted perdona conscientemente, la mente está haciendo que su propio centro se fortalezca en su herida psicológica. Por lo tanto, la mente que tiene conciencia de que perdona, jamás puede perdonar; no conoce el perdón; perdona con el fin de que no la lastimen más.

Es, pues, muy importante descubrir por qué la mente recuerda, por qué acumula. Lo hace porque está todo el tiempo buscando engrandecerse, crecer en importancia, ser alguna cosa. Cuando la mente está dispuesta a no ser cosa alguna, a ser nada, completamente nada, entonces, en ese estado hay compasión; en él no existe el perdonar ni puede uno lastimar o ser lastimado. Pero para comprender eso, uno tiene que comprender el desarrollo consciente del «yo» […].

De modo que en tanto exista el consciente cultivo de cualquier influencia particular, de cualquier virtud especial, no puede haber amor ni compasión, porque el amor y la compasión no son el resultado del esfuerzo consciente.

20 DE JULIO OCK- Vol. VII

Un Ver Extraordinario

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Ir más allá de las palabras

Para comprendernos el uno al otro, considero necesario que no estemos presos en las palabras; una palabra como Dios, por ejemplo, puede tener un significado especial para usted, mientras que para mí puede que tenga una formulación totalmente distinta, o ninguna formulación en absoluto. Así que es casi imposible comunicarnos mutuamente, a menos que ambos tengamos la intención de comprender las meras palabras e ir más allá de éstas. La palabra libertad implica, por lo general, estar libre de algo, ¿no es así? Comúnmente, significa estar libre de la codicia, de la envidia, del nacionalismo, de la ira, de esto o aquello. Mientras que la palabra libertad puede tener completamente otro significado: la sensación interna de que uno es libre; y pienso que resulta muy importante comprender este significado.

… Después de todo, la mente está compuesta, entre otras cosas, de palabras. Ahora bien, ¿puede la mente estar libre de la palabra envidia? Experimente con esto y verá que palabras como Dios, verdad, odio, envidia, ejercen un efecto profundo sobre la mente. ¿Puede, entonces, la mente estar libre de estas palabras, tanto neurológica como psicológicamente? Si no está libre de ellas, es incapaz de enfrentarse al hecho de la envidia. Cuando puede mirar directamente el hecho que llama «envidia», entonces el hecho mismo actúa con mucha mayor rapidez que el empeño de la mente en hacer algo con respecto al hecho. En tanto la mente esté pensando en librarse de la envidia mediante el ideal de la «no envidia» y demás, está distraída, no se enfrenta con el hecho, y la palabra misma envidia es una distracción respecto del hecho. El proceso de reconocimiento se efectúa a través de la palabra; en el instante en que reconozco el sentimiento por intermedio de la palabra, doy continuidad a ese sentimiento.

18 DE MAYO OCK- Vol. IX

Un ver extraordinario

Preguntamos, pues, como al principio: ¿puede la mente llegar a ese ver extraordinario, no desde la periferia, no desde lo exterior, desde la frontera, sino dar con ese ver sin buscarlo en absoluto? Ese es el único modo de encontrarlo. Porque cuando damos con él inadvertidamente, no hay esfuerzo, ni búsqueda ni experiencia alguna; existe una negación total de las prácticas normales para penetrar en ese centro, para llegar a ese florecer de la percepción. De ese modo, la mente se torna aguda en extremo, se halla sumamente despierta y ya no depende de ninguna experiencia para mantenerse en ese estado de despertar.

Cuando uno se formula la pregunta a sí mismo, puede que lo haga verbalmente; para la mayoría de las personas ello debe ser verbal, es obvio. Y uno tiene que darse cuenta de que la palabra no es la cosa; como la palabra árbol no es el árbol, no es el hecho real. El hecho real es cuando uno de veras entra en contacto directo con él, no a través de la palabra. Entonces eso es una realidad, lo cual implica que la palabra ha perdido su poder de hipnotizar a la gente. Por ejemplo, la palabra Dios esta tan cargada y nos ha hipnotizado tanto, que la aceptaremos o rechazaremos funcionando como la ardilla en una jaula. De modo que la palabra y el símbolo han de ser descartados.

19 DE MAYO OCK Vol. XVII

Estar Relacionado

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Sin relación, no hay existencia; ser es estar relacionado […]. La mayoría de nosotros no parece darse cuenta de esto: que el mundo es mi relación con otros, ya sea con uno o con muchos. Mi problema es el problema de la relación. Lo que soy es lo que proyecto, y, desde luego, si no me comprendo a mí mismo, toda mi relación es una confusión cuyos círculos se amplían cada vez más. Así pues, la relación adquiere una importancia extraordinaria, no mi relación con la así llamada masa, con la multitud, sino en el mundo de mi familia y mis amigos, por reducido que sea ese mundo: mi relación con mi esposa, mis hijos, mi vecino.

En un mundo de vastas organizaciones, enormes movilizaciones de personas, grandes movimientos de masas, tememos actuar en pequeña escala; nos atemoriza ser personas sin importancia que limpian y despejan su propia parcela. Nos decimos: «¿Qué puedo hacer personalmente? Para poder hacer reformas debo unirme a un movimiento de masas». Por el contrario, la verdadera revolución tiene lugar no por obra de movimientos de masas, sino por medio de una revolución interna de la relación; sólo ésa es una verdadera reforma, una revolución radical y constante. Tememos comenzar a actuar en una escala pequeña. Debido a que el problema es tan vasto, pensamos que debemos encararlo con gran cantidad de personas, con una gran organización, con movimientos de masas.

Por cierto, tenemos que empezar a abordar el problema a una escala pequeña, y la escala pequeña es el «yo» y el «tú». Cuando me comprendo a mí mismo, comprendo al otro, gracias a esa comprensión adviene el amor. El amor es el factor ausente; hay falta de afecto, de calidez en la relación. A causa de que nos falta ese amor, esa ternura, esa generosidad, esa piedad en la relación, escapamos hacia la acción de masas, la cual produce más confusión, más desdicha. Llenamos nuestros corazones con planes para la reforma del mundo, y no prestamos atención a ese único factor resolutivo, que es el amor.

 19 DE MARZO   OCK- Vol. V

Para Aprender, La Mente Debe Estar Quieta

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Para descubrir algo nuevo, usted debe empezar por su propia cuenta; debe iniciar un viaje estando completamente desnudo, en especial de conocimientos, porque es muy fácil tener experiencias merced a la creencia y al conocimiento; pero estas experiencias son tan sólo productos de nuestra propia proyección y, por lo tanto, son completamente irreales, falsas. Si usted ha de descubrir por sí mismo qué es lo nuevo, de nada sirve llevar la carga de lo viejo, especialmente el conocimiento  el conocimiento de otro, por importante que sea el otro-. Uno usa el conocimiento como un medio de autoproyección, de seguridad, y quiere estar muy seguro de que tiene las mismas experiencias que el Buda o Cristo o X. Pero un hombre que está constantemente proyectándose a sí mismo por medio del conocimiento, no es, evidentemente, un buscador de la verdad […].

No existe sendero para el descubrimiento de la verdad […]. Cuando usted quiere descubrir algo nuevo, cuando está experimentando con cualquier cosa, su mente ha de hallarse muy quieta, ¿no es así? Si su mente está llena, atestada de hechos, de conocimientos, éstos actúan como un obstáculo para lo nuevo; la dificultad para la mayoría de nosotros es que la mente se ha vuelto tan importante, tan predominantemente significativa, que interfiere todo el tiempo con cualquier cosa que pueda ser nueva, que pueda existir simultáneamente con lo conocido. Este conocimiento y el aprendizaje son obstáculos para quienes quieren buscar, para quienes desean tratar de comprender aquello que es intemporal.

9 DE ENERO   LPU

La Accion, Silencio y Mente Religiosa (P-1)

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Podemos ayudarnos mutuamente a encontrar la puerta a la realidad, pero cada uno debe abrir esa puerta por sí mismo, y esta es, a mi parecer, la única acción positiva.

Solo cuando la mente deja de ser ambiciosa, cuando deja de buscar y exigir, tiene libertad para descubrir lo que es la verdad, Dios.

Por eso es tan importante conocerse a sí mismo, no a través del análisis en el que una parte de la mente analiza a la otra parte, lo cual solo conduce a mayor confusión, sino que se trata de darse cuenta realmente – sin juicio ni condena del modo en que actuamos, de las palabras que usamos – de nuestras distintas emociones, de nuestros pensamientos ocultos. Si podemos mirarnos a nosotros mismos sin excitación, sin reprimir las emociones escondidas sino invitándolas a salir para comprenderlas, entonces la mente permanece tan quieta que tiene la posibilidad de llevar una vida de plenitud.

Estas son las cosas que creo que deberíamos investigar juntos; Podemos ayudarnos mutuamente a encontrar la puerta a la realidad, pero cada uno debe abrir esa puerta por sí mismo, y esta es, a mi parecer, la única acción positiva.

Así pues, cada uno de nosotros debe producir una revolución interna, religiosa. Únicamente una revolución interna y religiosa pueden transformar por completo nuestra forma de pensar. Para generar tal revolución, es necesario observar en silencio las respuestas de la mente, sin juzgar, sin condenar y sin comparar. Hoy en día y tomando el verdadero sentido de la palabra, la mente no es creativa ¿Verdad?, es tan sólo un producto fabricado de la memoria acumulada. Donde hay envidia, ambición y egoísmo, no puede haber creatividad. Por tanto lo único posible es comprenderse uno mismo y descubrir cómo funciona nuestra mente. Dicho proceso de comprensión es un proceso arduo. No es posible hacerlo de forma casual, en el futuro, mañana, sino todo lo contrario, debe hacerse cada día, cada instante, todo el tiempo. Comprenderse uno mismo es darse cuenta de manera natural y espontanea de todas las actividades de nuestro pensar, de forma que veamos todos los móviles y todas las intenciones ocultas detrás de nuestros pensamientos, para así poder liberar a la mente de su propia atadura y limitación. Entonces la mente permanece quieta y, en esa quietud, algo que no pertenece a la mente puede manifestarse por sí mismo.

Estocolmo, primera charla, 14 de mayo de 1956
Obras completas, tomo X

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¿Puede mirar sin la palabra todos y cada uno de sus problemas…?

Posiblemente pueda mirar una flor, una nube o un pájaro en vuelo sin centro, sin una sola palabra, sin esa palabra que crea el pensamiento, pero ¿es posible mirar sin la palabra todos y cada uno de nuestros problemas, el problema del miedo, del placer? Porque la palabra genera, crea el pensamiento, siendo el pensamiento memoria, experiencia, placer y , por tanto, un factor de distorsión.

En realidad se trata de algo muy simple y, debido a que es tan simple, desconfiamos, preferimos lo complejo, lo enrevesado, pero lo complicado siempre lleva el perfume de las palabras. Si puedo mirar una flor sin verbalizar, y puedo hacerlo, cualquiera puede hacerlo si pone suficiente atención, ¿podemos mirar también nuestros problemas con esa misma atención objetiva, no-verbal? ¿Podemos mirar desde ese silencio sin la palabra, mirar sin que la maquinaria del pensar intervenga como placer y tiempo? ¿Podemos simplemente mirar? Creo que este es el quid de la cuestión, no abordar las cosas desde la periferia, lo cual complica la vida tremendamente, sino mirar la vida y sus innumerables dificultades, como la subsistencia, el sexo, la muerte, la desdicha, el dolor de estar terriblemente solo, mirar todos eso sin conclusiones, desde el silencio, lo cual significa sin un centro, sin la palabra que provoca un reacción del pensamiento, que es memoria y, por consiguiente, tiempo. Creo que ese es el verdadero problema, la verdadera cuestión, si la mente puede observar la vida y actuar de inmediato – no primero la idea y luego la acción – , de forma que todo conflicto termine.

Londres, sexto diálogo público, 9 de mayo de 1955
Obras completas, tomo XV

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¿Cuándo hay silencio, de ese silencio nace la acción, y esa acción nunca es complicada, confusa o contradictoria.

Por tanto el silencio sobreviene cuando existe ese estado de soledad, y ese silencio está más allá de la conciencia.

La conciencia, el consciente o el inconsciente, es placer, pensamiento y también la estructura que genera todo eso; en ese campo nunca puede haber silencio y, por eso, cualquier acción en ese campo siempre genera confusión, dolor y desdicha.

Únicamente cuando una acción nace del silencio, el sufrimiento termina, y a menos que la mente esté libre de todo sufrimiento, personal o de cualquier otro tipo, vivirá en la obscuridad, en el miedo y la ansiedad.  Por consiguiente, sea cual sea su acción siempre habrá desorden; no importa la decisión que tome siempre generará conflicto. Si uno comprende todo esto, viene el silencio, y donde hay silencio hay acción; el silencio en sí mismo es acción, no significa que primero deba haber silencio y después acción. Probablemente nunca han experimentado ese silencio completo. Desde ese silencio pueden perfectamente hablar, no importa que tengan recuerdos, experiencias y conocimientos. Si no tuvieran ningún conocimiento ¡no podrían hablar! Cuando hay silencio nace la acción, y esa acción nunca es compleja, confusa ni contradictoria.

Mándras, sexta charla, 9 de enero de 1955
Obras completas, tomo XVI

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[…] Estamos  moviéndonos de hecho en hecho con sumo cuidado y prudencia, al fin y al cabo así es como investiga el científico. Puede que el científico tenga diversas teorías, pero las deja de lado en el momento que afronta los hechos. Lo que le interesa es la observacion de las cosas externas, las cosas relacionadas con la materia, estén cerca o lejos, para él, lo unico que existe es esa materia y la observación de esa materia, del movimiento externo. Sin embargo a la Mente Religiosa le interesa el hecho y moverse con el hecho, de tal manera que el movimiento externo sea un proceso unitario junto con el movimiento interno, los dos movimientos no están separados. El hombre religioso se mueve de lo externo a lo interno como la marea, en un constante movimiento de fuera hacia adentro y de dentro hacia afuera, de tal manera que existe un perfecto equilibrio y un sentido de integración, lo externo y lo interno siendo un mismo movimiento unitario, no dos movimientos separados. […]

Hemos estado hablando de la mente religiosa y la mente científica. Cualquier otra mente es una mente malintencionada, ya sea la de una persona culta, la de un brillante erudito o la del sannyasi que ha renunciado a esto o a aquello; la mente política, por supuesto, es la más destructiva. La mente que de verdad es cientítica observa, examina, desmenuza, se adentra en el movimiento externo de la vida sin depender de ningún compromiso. Puede que el científico tenga algún compromiso fuera del laboratorio, donde sigue siendo un ser humano condicionado, pero dentro del laboratorio tiene ese espíritu inquisitivo y esa firme investigación de la búsqueda del hecho; ese es el único propósito del campo científico y asi deben ser nuestras mentes para poder comprender. La mente debe comprender tanto lo externo como lo interno, y debe comprender también que estos son los dos únicos hechos reales. Debemos empezar a comprenderlos como un proceso unitario, pero solo la mente religiosa puede comprender este proceso unitario, y entonces cualquier acción que surja de esa mente religiosa será una acción que no generará confusion ni desdicha.

Bombay, séptima charla, 5 de marzo de 1961
Obras completas, tomo XII

parte 2  —>

Enfrentarse al hecho

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Sufro. Psicológicamente estoy terriblemente perturbado, y tengo una idea al respecto: qué debería hacer, qué no debería hacer, cómo debería cambiarse eso. Esa idea, esa fórmula, ese concepto me impide mirar el hecho de lo que es. La ideación y la fórmula son maneras de escapar de lo que es. Cuando existe un gran peligro, hay acción inmediata. Entonces no tengo una idea al respecto. No formulo una idea y después actúo conforme a esa idea.

La mente se ha vuelto perezosa, floja, a causa de una fórmula, la cual le ha proporcionado un medio para escapar de la acción con respecto a lo que es. Viendo por nosotros mismos toda la estructura de lo que se ha dicho, y no porque ello nos haya sido señalado, ¿es posible enfrentarse al hecho, al hecho de que somos violentos, por ejemplo? Somos seres humanos violentos, y hemos elegido la violencia como nuestro estilo de vida – la guerra y todo eso-. Aunque perpetuamente hablamos de no-violencia, sobre todo en Oriente, no somos personas no violentas, sino violentas. La idea de no-violencia es sólo eso, una idea, la cual puede ser usada políticamente. Eso tiene un sentido distinto, pero es una idea, no un hecho. Debido a que el ser humano es incapaz de enfrentarse al hecho de la violencia, ha inventado el ideal de no-violencia, el cual le impide habérselas con el hecho.

Al fin y al cabo, el hecho es que soy violento, soy irascible. ¿Qué necesidad tengo de una idea? Lo que importa no es la idea de que soy irascible, sino el hecho real de que lo soy. Tal como el hecho real de tener hambre. No hay una idea de que tengo hambre. En tal caso, la idea lo es en cuanto a lo que debería comer, y entonces como conforme a los dictados del placer. Hay acción con respecto a lo que es sólo cuando no existe una idea de lo que debería hacerse en relación con lo que afrontamos, o sea, en relación con lo que es.

23 DE AGOSTO OCK- Vol. XVII

La Muerte es Accion Total

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Existe una única acción total…, que es la muerte, morir.

Existe una única acción que es total y esa acción es la muerte ¿verdad? No hay discusión, ninguna objeción intelectual posible acerca de la muerte. Por más opiniones o citas de libros sagrados, no es posible escapar de ella, no se puede evitar, no puede pedirle a la muerte: “Dame un día más“. Así pues, existe una única acción total, que es la muerte, el morir.

Para la mayoría, morir es negativo, ¡morir es como un suicidio! Y, debido a que no comprendemos la extraordinaria naturaleza de la muerte, nosotros, la gente culta, los intelectuales, convertimos la vida en algo que no tiene ningún significado, la vida pierde todo su sentido. Así, ¿tiene la vida algún significado? Por favor señores, ¡examínenlo de verdad! ¿Tiene su vida algún sentido, ir al trabajo, ganarse el sustento, mantener a la familia, el placer sexual, conducir un automóvil pequeño o grande, caminar? ¿Qué significa todo eso para ustedes, escribir o no escribir un libro, realizar alguna insignificante reforma social, pertenecer a una pequeña sociedad, etc.? ¿Qué significado tiene todo eso? Y cuanto más cuestionamos el vivir, la tortura que supone, menos significado tiene. Toda esa gente tan instruida que escribe libros sin sentido, libros que no sirven para nada, impulsados por la desesperación, escriben sobre filosofía o se inventan una filosofía. Pero nosotros no estamos hablando de un suicidio, no estamos hablando de la desesperación como acción suprema, solo estamos señalando que la muerte es la única acción total y completa como el amor; el amor también es una acción total, el amor no tiene contradicción. Pero el amor que conocemos esta limitado por los celos, la ansiedad, la soledad, “mi amor” contra “su amor”, “mi familia” contra “su familia”, “mi nación” contra “su nación”, “mi tribu” contra “su tribu”, el “sur” contra el “norte”. Decimos que amamos, pero nuestro amor es una contradicción.

Así pues, tenemos que comprender la muerte, porque solo cuando comprendamos la muerte conoceremos lo que es el amor. O bien, si comprendemos la naturaleza completa de esta contradicción que se manifiesta como placer, entonces comprenderemos la acción total del amor, porque el amor y la muerte van juntos, y deben comprender el extraordinario misterio de la muerte.

Rajghat, Benarés, tercera charla, 28 de noviembre de 1965
Obras Completas Tomo XV

La Vida es Accion…