Acción sin Idea

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Sólo cuando la mente está libre de la idea puede haber una experiencia directa. Las ideas no son la verdad; y la verdad es algo que debe ser experimentado directamente, de instante en instante. No se trata de una experiencia que deseamos, la cual sería entonces mera sensación. Sólo cuando uno puede ir más allá del haz de las ideas -que es el «yo», que es la mente, que tiene una continuidad parcial o completa-, sólo cuando uno puede trascender todo eso y el pensamiento está absolutamente silencioso, hay un estado en que se experimenta de manera directa. En ese estado sabrá uno qué es la verdad.

16 DE FEBRERO LPU

Si Dios no es Dios

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Un hombre que cree en Dios, jamás puede encontrar a Dios. Si usted está abierto a la realidad, no puede «creer» en la realidad. Si está abierto a lo desconocido, no puede haber creencia en lo desconocido. Al fin y al cabo, la creencia es una forma de auto-protección, y sólo una mente trivial puede «creer» en Dios. Considere la creencia de los aviadores durante la guerra; según ellos, tenían a Dios por compañero ¡mientras arrojaban las bombas! De modo que uno cree en Dios cuando mata, cuando está explotando a la gente. Ustedes adoran a Dios y siguen despiadadamente extorsionando dinero, apoyando al ejército… pese a lo cual afirman que creen en la piedad, en la compasión, en la bondad […]. En tanto exista la creencia, jamás puede existir lo desconocido; usted no puede pensar en lo desconocido; el pensamiento no puede medirlo.

La mente es producto del pasado, es la consecuencia del ayer; ¿puede una mente así estar abierta a lo desconocido? Sólo puede proyectar una imagen, pero esa proyección carece de realidad; así que su Dios no es Dios, es una imagen de su propia hechura, una imagen para su propia satisfacción. La realidad puede existir sólo cuando la mente comprende el proceso total de sí misma y ese proceso llega a su fin. Cuando la mente está por completo vacía, sólo entonces, es capaz de recibir lo desconocido. La mente no se purifica hasta que comprende el contenido de la relación -su relación con la propiedad, con la gente-, hasta que ha establecido la correcta relación con todo. Hasta que la mente no comprende el proceso total del conflicto en la relación, no puede ser libre. Sólo cuando está completamente silenciosa, por completo inactiva, sin proyecciones, cuando no busca y se halla absolutamente quieta, sólo entonces se manifiesta aquello que es eterno, intemporal.

18 DE DICIEMBRE OCK – Vol. VI

En la muerte está la inmortalidad

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Por cierto, en el morir hay renovación, ¿no es así? Sólo en la muerte algo nuevo surge a la existencia. No le estoy brindando consuelo. Esto no es algo en lo que pueda creer o pensar, o que pueda examinar y aceptar intelectualmente, porque entonces lo convertirá en otro consuelo, tal como ahora cree en la reencarnación o en la continuidad en el más allá, etcétera. Pero lo real es que, para aquello que continúa, no hay renacimiento, no hay renovación. Por lo tanto, la renovación, el renacimiento está en el morir de cada día. Eso es la inmortalidad. En la muerte está la inmortalidad; no en la muerte que usted teme, sino en la muerte de las conclusiones previas, de los recuerdos, de las experiencias, con todo lo cual usted se ha identificado como el «yo». En el morir del «yo» a cada instante hay eternidad, hay inmortalidad, hay algo que ha de experimentarse; no es para que se especule o se diserte al respecto, como hacen ustedes con la reencarnación y toda esa clase de cosas […].

Cuando uno ya no tiene miedo, porque hay un morir a cada instante y, por lo tanto, una renovación, entonces se halla abierto a lo desconocido. La realidad es lo desconocido. La muerte es también lo desconocido. Pero decir que la muerte es bella, maravillosa, porque continuaremos en el más allá y toda esa insensatez, carece de realidad. Lo real es ver la muerte tal como es: un final, un final en el que hay renovación, renacimiento, no una continuidad. Porque aquello que continúa se deteriora, y lo que tiene el poder de renovarse a sí mismo es eterno.

16 DE NOVIEMBRE OCK – Vol. V

La Mente Parlanchina

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¿Sabe?, percibir algo es una experiencia asombrosa. No sé si alguna vez ha percibido realmente algo: una flor o un rostro o el cielo o el mar. Desde luego, ve estas cosas cuando pasa cerca de ellas en un autobús o en un automóvil; pero me pregunto si alguna vez se ha tomado la molestia de mirar realmente una flor. Y cuando sí mira una flor, ¿qué ocurre? Inmediatamente la nombra, se interesa en saber a qué especie pertenece, o dice: «¡Qué hermosos colores tiene! Me gustaría que creciera en mi jardín; quisiera obsequiársela a mi esposa, o ponérmela en el ojal», etc. En otras palabras, apenas ve una flor, su mente comienza a parlotear al respecto; por consiguiente, jamás percibe la flor. Uno percibe algo sólo cuando su mente está en silencio, cuando no hay parloteo de ninguna clase. Si usted puede mirar la estrella vespertina que asoma sobre el mar, mirarla sin un solo movimiento de la mente, entonces percibe de veras su extraordinaria belleza; y cuando percibe la belleza, ¿no experimenta también el estado de amor? Por cierto, la belleza y el amor son la misma cosa. Sin amor no hay belleza, y sin belleza no hay amor. La belleza está en la forma, la belleza está en el hablar, la belleza está en la conducta. Si no hay amor, la conducta es trivial; es meramente el producto de la sociedad, de una determinada cultura, y lo que produce es mecánico, carente de vida. Pero cuando la mente percibe sin la más leve agitación, entonces es capaz de mirar a una profundidad total dentro de sí misma. Y una percepción semejante es realmente intemporal. Usted no tiene que hacer nada para provocarla; no hay disciplina, ni práctica, ni método por el cual pueda uno aprender a percibir.

13 DE OCTUBRE OCK- Vol. XI

El Perdonar no es Verdadera Compasión

 

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¿Qué es ser compasivo? Por favor, descubra por sí mismo, sondéelo, vea si una mente lastimada y que puede lastimar es capaz de perdonar alguna vez. ¿Puede hacerlo? Y una mente así, susceptible de ser lastimada, que está cultivando la virtud, que es consciente de ser generosa, ¿puede ser compasiva? La compasión, como el amor, es algo que no pertenece a la mente. La mente no tiene conciencia de que es compasiva, de que ama. Pero en el momento en que usted perdona conscientemente, la mente está haciendo que su propio centro se fortalezca en su herida psicológica. Por lo tanto, la mente que tiene conciencia de que perdona, jamás puede perdonar; no conoce el perdón; perdona con el fin de que no la lastimen más.

Es, pues, muy importante descubrir por qué la mente recuerda, por qué acumula. Lo hace porque está todo el tiempo buscando engrandecerse, crecer en importancia, ser alguna cosa. Cuando la mente está dispuesta a no ser cosa alguna, a ser nada, completamente nada, entonces, en ese estado hay compasión; en él no existe el perdonar ni puede uno lastimar o ser lastimado. Pero para comprender eso, uno tiene que comprender el desarrollo consciente del «yo» […].

De modo que en tanto exista el consciente cultivo de cualquier influencia particular, de cualquier virtud especial, no puede haber amor ni compasión, porque el amor y la compasión no son el resultado del esfuerzo consciente.

20 DE JULIO OCK- Vol. VII

Un Ver Extraordinario

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Ir más allá de las palabras

Para comprendernos el uno al otro, considero necesario que no estemos presos en las palabras; una palabra como Dios, por ejemplo, puede tener un significado especial para usted, mientras que para mí puede que tenga una formulación totalmente distinta, o ninguna formulación en absoluto. Así que es casi imposible comunicarnos mutuamente, a menos que ambos tengamos la intención de comprender las meras palabras e ir más allá de éstas. La palabra libertad implica, por lo general, estar libre de algo, ¿no es así? Comúnmente, significa estar libre de la codicia, de la envidia, del nacionalismo, de la ira, de esto o aquello. Mientras que la palabra libertad puede tener completamente otro significado: la sensación interna de que uno es libre; y pienso que resulta muy importante comprender este significado.

… Después de todo, la mente está compuesta, entre otras cosas, de palabras. Ahora bien, ¿puede la mente estar libre de la palabra envidia? Experimente con esto y verá que palabras como Dios, verdad, odio, envidia, ejercen un efecto profundo sobre la mente. ¿Puede, entonces, la mente estar libre de estas palabras, tanto neurológica como psicológicamente? Si no está libre de ellas, es incapaz de enfrentarse al hecho de la envidia. Cuando puede mirar directamente el hecho que llama «envidia», entonces el hecho mismo actúa con mucha mayor rapidez que el empeño de la mente en hacer algo con respecto al hecho. En tanto la mente esté pensando en librarse de la envidia mediante el ideal de la «no envidia» y demás, está distraída, no se enfrenta con el hecho, y la palabra misma envidia es una distracción respecto del hecho. El proceso de reconocimiento se efectúa a través de la palabra; en el instante en que reconozco el sentimiento por intermedio de la palabra, doy continuidad a ese sentimiento.

18 DE MAYO OCK- Vol. IX

Un ver extraordinario

Preguntamos, pues, como al principio: ¿puede la mente llegar a ese ver extraordinario, no desde la periferia, no desde lo exterior, desde la frontera, sino dar con ese ver sin buscarlo en absoluto? Ese es el único modo de encontrarlo. Porque cuando damos con él inadvertidamente, no hay esfuerzo, ni búsqueda ni experiencia alguna; existe una negación total de las prácticas normales para penetrar en ese centro, para llegar a ese florecer de la percepción. De ese modo, la mente se torna aguda en extremo, se halla sumamente despierta y ya no depende de ninguna experiencia para mantenerse en ese estado de despertar.

Cuando uno se formula la pregunta a sí mismo, puede que lo haga verbalmente; para la mayoría de las personas ello debe ser verbal, es obvio. Y uno tiene que darse cuenta de que la palabra no es la cosa; como la palabra árbol no es el árbol, no es el hecho real. El hecho real es cuando uno de veras entra en contacto directo con él, no a través de la palabra. Entonces eso es una realidad, lo cual implica que la palabra ha perdido su poder de hipnotizar a la gente. Por ejemplo, la palabra Dios esta tan cargada y nos ha hipnotizado tanto, que la aceptaremos o rechazaremos funcionando como la ardilla en una jaula. De modo que la palabra y el símbolo han de ser descartados.

19 DE MAYO OCK Vol. XVII

Estar Relacionado

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Sin relación, no hay existencia; ser es estar relacionado […]. La mayoría de nosotros no parece darse cuenta de esto: que el mundo es mi relación con otros, ya sea con uno o con muchos. Mi problema es el problema de la relación. Lo que soy es lo que proyecto, y, desde luego, si no me comprendo a mí mismo, toda mi relación es una confusión cuyos círculos se amplían cada vez más. Así pues, la relación adquiere una importancia extraordinaria, no mi relación con la así llamada masa, con la multitud, sino en el mundo de mi familia y mis amigos, por reducido que sea ese mundo: mi relación con mi esposa, mis hijos, mi vecino.

En un mundo de vastas organizaciones, enormes movilizaciones de personas, grandes movimientos de masas, tememos actuar en pequeña escala; nos atemoriza ser personas sin importancia que limpian y despejan su propia parcela. Nos decimos: «¿Qué puedo hacer personalmente? Para poder hacer reformas debo unirme a un movimiento de masas». Por el contrario, la verdadera revolución tiene lugar no por obra de movimientos de masas, sino por medio de una revolución interna de la relación; sólo ésa es una verdadera reforma, una revolución radical y constante. Tememos comenzar a actuar en una escala pequeña. Debido a que el problema es tan vasto, pensamos que debemos encararlo con gran cantidad de personas, con una gran organización, con movimientos de masas.

Por cierto, tenemos que empezar a abordar el problema a una escala pequeña, y la escala pequeña es el «yo» y el «tú». Cuando me comprendo a mí mismo, comprendo al otro, gracias a esa comprensión adviene el amor. El amor es el factor ausente; hay falta de afecto, de calidez en la relación. A causa de que nos falta ese amor, esa ternura, esa generosidad, esa piedad en la relación, escapamos hacia la acción de masas, la cual produce más confusión, más desdicha. Llenamos nuestros corazones con planes para la reforma del mundo, y no prestamos atención a ese único factor resolutivo, que es el amor.

 19 DE MARZO   OCK- Vol. V

La Accion, Silencio y Mente Religiosa (P-3)

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Parte 3 de 3

Todo aquel que quiera encontrar una nueva vida, una nueva forma de vivir, debe investigar y captar esta extraordinaria cualidad del silencio.

Así pues, el silencio la meditación y la muerte están íntimamente relacionados. Sin morir al ayer no es posible el silencio; sin embargo, el silencio es necesario, absolutamente necesario, para actuar sin acumular y, por tanto, sin establecer ninguna inercia. La muerte se convierte en algo feo y temible cuando uno siente que puede perder todo lo acumulado, pero si a lo largo de la vida, desde ese mismo momento, no acumula nada, entonces no existe eso que llaman muerte, entonces vivir es morir y no hay separación.

El vivir que nosotros conocemos es desdicha, confusión, desorden, tortura, esfuerzo, con una ocasional y fugaz percepción de la belleza, del amor y de la dicha; ese es el resultado de esta obscura conciencia que en sí misma es incapaz de generar una nueva acción. Todo aquel que quiera encontrar una nueva vida, una nueva forma de vivir, debe investigar y captar esta extraordinaria cualidad del silencio; y sólo puede haber silencio cuando uno muere al pasado, sin ningún razonamiento ni propósito, sin decir: <<Conseguiré una recompensa >>. Todo este proceso es meditación y trae a la mente esa extraordinaria actitud vigilante en la que no existe ningún atisbo de obscuridad, ningún rincón sin explorar, nada por ver, es decir, no queda ningún recoveco por examinar.

De manera que la meditación es algo extraordinario, por su misma naturaleza es una dicha inmensa porque hay silencio, el cual en sí mismo es acción; la esencia del silencio es acción. Entonces, es posible vivir la vida, vivir cada día, desde el silencio y no desde el conocimiento, exceptuando el conocimiento tecnológico. Esa es la única mutación posible para el hombre. Sin ella viviremos una vida que no tiene ningún significado, solo habrá sufrimiento desdicha y confusión.

Madrás (Chennai), quinta charla, 5 de enero de 1966
Obras completas, tomo XVI

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Investigar significa tener una mente sana, vital, que no se deja persuadir por las opiniones propias o de otro, por eso es capaz de ver con mucha claridad, en todo momento, cada cosa a medida que surge, a medida que fluye. La vida es un movimiento de relación, lo cual es acción, y a menos que haya libertad la simple rebeldía no tiene ningún valor. Un hombre verdaderamente religioso nunca se rebela porque es un hombre libre; no libre de nacionalismo, codicia, envidia y de todo eso. Simplemente es libre.

Madrás (Chennai), primera charla, 16 de diciembre de 1964
Obras completas, tomo XVI

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Creo que una mente que no es capaz de ver y sentir por completo la hermosura de la tierra, del cielo, de la palmera, del horizonte, la hermosura de un rasgo, de un rostro, de un gesto, nunca puede comprender eso tan extraordinario que es la belleza y la libertad. […]

Es evidente que la mayoría hemos perdido, o nunca hemos tenido, ese verdadero sentir. Nuestra educación, la manera como vivimos, nuestros hábitos, tradiciones y costumbres cotidianas han impedido ese sentir de la mente. […] Si existe ese sentir, entonces de ahí nace una acción mucho más global, mucho más potente que la acción intelectual de los bienhechores y reformadores, porque hay comprensión, se siente tanto lo feo como lo hermoso, aunque no como opuestos. Ese sentir es básico si queremos comprender el proceso de nuestra existencia y las variantes de nuestro pensar, lo cual significa comprender la profundidad y la amplitud de la vida, así como esa cosa extraordinaria la cual llamamos el ‘yo’. Para comprender este ‘yo’ con todas nuestras alegrías, luchas, sufrimiento, intenciones esperanzas, miedos, ambiciones, envidias, celos, etc., debe de haber un profundo sentir y no simple imaginación. Como seguramente saben, si uno siente algo ve con mucha más intensidad, con mayor inteligencia y claridad; no sé si han observado que cuando aman a alguien, o cuando detectan algo realmente extraordinario en una persona, se vuelven mucho más inteligentes, más intensos y atentos, ¿no es así?. Existe también la astucia, un estado de atención que viene de la concentración; pero en eso no hay un verdadero sentir ni tampoco afecto. […]

Pero, como saben, la dificultad está en que, a menos que perciban, que vean la totalidad del firmamento, la belleza de la noche, la mañana, el atardecer, nunca harán nada que merezca la pena, excepto las pequeñas y mezquinas actividades de la vida cotidiana. A menos que comprendan esto por completo, su existencia seguirá siendo miserable y dolorosa, pero si perciben esa cosa enorme llamada vida, si la sienten, podrán afrontar las cosas prácticas con precisión, claridad y seriedad. Sin embargo a la mayoría solo les interesa el beneficio inmediato, resultados inmediatos, les interesa el placer o dolor inmediato. Por eso me parece que es muy importante, si queremos comprendernos a nosotros mismos, que exista ese sentir. Para la mayoría ese sentir está muerto, porque si uno ve a diario la misma pobreza, la misma decadencia, el mismo sufrimiento, la misma lucha, las mismas costumbres y hábitos, la muerte se vuelve torpe, indolente, insensible, y así es muy difícil sentir. […]

Si vamos más allá cuidadosamente, descubriremos como el apego  destruye el sentir, porque todo nuestro apego está formado por cosas muertas; no es posible estar apegados a algo vivo más allá del apego que uno pueda tener a un rio o al mar, porque las cosas vivas están en constante movimiento. De manera que cuando dice que está apegado a su hijo, a su hija, a su esposo, si puede mirarlo cuidadosamente dentro de sí mismo, se dará cuanta de que no puede estar apegado a una persona viva, porque esa persona está en constante cambio, transformándose, en estado de convulsión, de modo que el apego es a la imagen que tiene de esa persona, ¡Pero la imagen es algo muerto! Así pues, miren lo que hace la mente: crea imágenes, ¡y se apega a cosas muertas!

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Ahora bien, si realmente han comprendido todo esto , no solo verbal o intelectualmente, si realmente sienten conmigo que esto es algo verdaderamente serio, entonces verán que es posible ir a la oficina, tomar un autobús y funcionar en la vida diaria con una cualidad distinta, con una nueva cualidad en la mente. Después de todo, uno no puede dejar de hacer los trabajos cotidianos, la actividad diaria, esa rutina a la cual está apegado, y si uno está apegado a la fuente de la que brota el agua no puede fluir con las aguas llenas de vida. Para captar la verdad de esto  se necesita no sólo una percepción directa, pensar con claridad, una mente cuidadosa, sino también un sentido de belleza. Sí lo han comprendido, se darán cuenta de que el apego a dejado de tener una gran importancia, no es necesario que luchen para liberarse de él, cae por sí mismo como una hoja que se lleva el viento. Entonces la mente se vuelve tremendamente vital, despierta, precisa, y deja de estar confundida.

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Solamente es posible tener ese sentir explosivo si se comprende todo el proceso de uno mismo y de los apegos. Si son capaces de explorar, de examinar, de investigar esto a lo que llamamos apego, entonces empezaran a aprender, y el aprender elimina las cosas muertas, el aprender es lo que transmite ese sentir a la acción. Puede que uno al actuar cometa un error, pero ese error forma parte del constante proceso de aprendizaje. Actuar significa que uno está intentando ver, descubrir, comprender, no simplemente tratando de conseguir un resultado, porque todo resultado es algo muerto, y la acción se vuelve muy insignificante y mezquina si uno no comprende el centro, el actor. Nosotros siempre separamos al actor de la acción, el ‘yo’ siempre hace esto y, de ese modo se convierte en algo muerto.

Sin embargo, si empiezan  a comprenderse a sí mismos, lo cual es conocimiento propio, lo cual significa aprender acerca de uno, entonces ese aprender es algo muy hermoso, extremadamente sutil, como las aguas llenas de vida. Si comprenden eso y, con esa comprensión, actúan – no con la acción del pensamiento, sino a través del proceso de aprender -, descubrirán que  la mente ha dejado de estar muerta, de estar apegada a cosas muertas o moribundas. Entonces la mente es extraordinaria, es como el horizonte, el infinito, el espacio; no tiene medida. Una mente así puede profundizar muy hondo y convertirse en el universo, en lo eterno. Desde ese estado es posible actuar en el tiempo pero con un sentir de forma diferente. Todo esto no requiere tiempo cronológico, días, semanas o años, sino comprenderse a sí mismo,  lo cual puede hacerse en el instante; a partir de ahí uno descubrirá lo que es el amor, ese amor que no conoce celos, envidia o ambición y que no tiene amarres. Ese es un estado en el que no existe en tiempo y, por eso, la acción adquiere un significado totalmente diferente en nuestra vida diaria.

Madrás (Chennai), quinta charla, 5 de enero de 1966
Obras completas, tomo XVI

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La Vida es Accion…