La Accion, Silencio y Mente Religiosa (P-3)

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Parte 3 de 3

Todo aquel que quiera encontrar una nueva vida, una nueva forma de vivir, debe investigar y captar esta extraordinaria cualidad del silencio.

Así pues, el silencio la meditación y la muerte están íntimamente relacionados. Sin morir al ayer no es posible el silencio; sin embargo, el silencio es necesario, absolutamente necesario, para actuar sin acumular y, por tanto, sin establecer ninguna inercia. La muerte se convierte en algo feo y temible cuando uno siente que puede perder todo lo acumulado, pero si a lo largo de la vida, desde ese mismo momento, no acumula nada, entonces no existe eso que llaman muerte, entonces vivir es morir y no hay separación.

El vivir que nosotros conocemos es desdicha, confusión, desorden, tortura, esfuerzo, con una ocasional y fugaz percepción de la belleza, del amor y de la dicha; ese es el resultado de esta obscura conciencia que en sí misma es incapaz de generar una nueva acción. Todo aquel que quiera encontrar una nueva vida, una nueva forma de vivir, debe investigar y captar esta extraordinaria cualidad del silencio; y sólo puede haber silencio cuando uno muere al pasado, sin ningún razonamiento ni propósito, sin decir: <<Conseguiré una recompensa >>. Todo este proceso es meditación y trae a la mente esa extraordinaria actitud vigilante en la que no existe ningún atisbo de obscuridad, ningún rincón sin explorar, nada por ver, es decir, no queda ningún recoveco por examinar.

De manera que la meditación es algo extraordinario, por su misma naturaleza es una dicha inmensa porque hay silencio, el cual en sí mismo es acción; la esencia del silencio es acción. Entonces, es posible vivir la vida, vivir cada día, desde el silencio y no desde el conocimiento, exceptuando el conocimiento tecnológico. Esa es la única mutación posible para el hombre. Sin ella viviremos una vida que no tiene ningún significado, solo habrá sufrimiento desdicha y confusión.

Madrás (Chennai), quinta charla, 5 de enero de 1966
Obras completas, tomo XVI

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Investigar significa tener una mente sana, vital, que no se deja persuadir por las opiniones propias o de otro, por eso es capaz de ver con mucha claridad, en todo momento, cada cosa a medida que surge, a medida que fluye. La vida es un movimiento de relación, lo cual es acción, y a menos que haya libertad la simple rebeldía no tiene ningún valor. Un hombre verdaderamente religioso nunca se rebela porque es un hombre libre; no libre de nacionalismo, codicia, envidia y de todo eso. Simplemente es libre.

Madrás (Chennai), primera charla, 16 de diciembre de 1964
Obras completas, tomo XVI

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Creo que una mente que no es capaz de ver y sentir por completo la hermosura de la tierra, del cielo, de la palmera, del horizonte, la hermosura de un rasgo, de un rostro, de un gesto, nunca puede comprender eso tan extraordinario que es la belleza y la libertad. […]

Es evidente que la mayoría hemos perdido, o nunca hemos tenido, ese verdadero sentir. Nuestra educación, la manera como vivimos, nuestros hábitos, tradiciones y costumbres cotidianas han impedido ese sentir de la mente. […] Si existe ese sentir, entonces de ahí nace una acción mucho más global, mucho más potente que la acción intelectual de los bienhechores y reformadores, porque hay comprensión, se siente tanto lo feo como lo hermoso, aunque no como opuestos. Ese sentir es básico si queremos comprender el proceso de nuestra existencia y las variantes de nuestro pensar, lo cual significa comprender la profundidad y la amplitud de la vida, así como esa cosa extraordinaria la cual llamamos el ‘yo’. Para comprender este ‘yo’ con todas nuestras alegrías, luchas, sufrimiento, intenciones esperanzas, miedos, ambiciones, envidias, celos, etc., debe de haber un profundo sentir y no simple imaginación. Como seguramente saben, si uno siente algo ve con mucha más intensidad, con mayor inteligencia y claridad; no sé si han observado que cuando aman a alguien, o cuando detectan algo realmente extraordinario en una persona, se vuelven mucho más inteligentes, más intensos y atentos, ¿no es así?. Existe también la astucia, un estado de atención que viene de la concentración; pero en eso no hay un verdadero sentir ni tampoco afecto. […]

Pero, como saben, la dificultad está en que, a menos que perciban, que vean la totalidad del firmamento, la belleza de la noche, la mañana, el atardecer, nunca harán nada que merezca la pena, excepto las pequeñas y mezquinas actividades de la vida cotidiana. A menos que comprendan esto por completo, su existencia seguirá siendo miserable y dolorosa, pero si perciben esa cosa enorme llamada vida, si la sienten, podrán afrontar las cosas prácticas con precisión, claridad y seriedad. Sin embargo a la mayoría solo les interesa el beneficio inmediato, resultados inmediatos, les interesa el placer o dolor inmediato. Por eso me parece que es muy importante, si queremos comprendernos a nosotros mismos, que exista ese sentir. Para la mayoría ese sentir está muerto, porque si uno ve a diario la misma pobreza, la misma decadencia, el mismo sufrimiento, la misma lucha, las mismas costumbres y hábitos, la muerte se vuelve torpe, indolente, insensible, y así es muy difícil sentir. […]

Si vamos más allá cuidadosamente, descubriremos como el apego  destruye el sentir, porque todo nuestro apego está formado por cosas muertas; no es posible estar apegados a algo vivo más allá del apego que uno pueda tener a un rio o al mar, porque las cosas vivas están en constante movimiento. De manera que cuando dice que está apegado a su hijo, a su hija, a su esposo, si puede mirarlo cuidadosamente dentro de sí mismo, se dará cuanta de que no puede estar apegado a una persona viva, porque esa persona está en constante cambio, transformándose, en estado de convulsión, de modo que el apego es a la imagen que tiene de esa persona, ¡Pero la imagen es algo muerto! Así pues, miren lo que hace la mente: crea imágenes, ¡y se apega a cosas muertas!

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Ahora bien, si realmente han comprendido todo esto , no solo verbal o intelectualmente, si realmente sienten conmigo que esto es algo verdaderamente serio, entonces verán que es posible ir a la oficina, tomar un autobús y funcionar en la vida diaria con una cualidad distinta, con una nueva cualidad en la mente. Después de todo, uno no puede dejar de hacer los trabajos cotidianos, la actividad diaria, esa rutina a la cual está apegado, y si uno está apegado a la fuente de la que brota el agua no puede fluir con las aguas llenas de vida. Para captar la verdad de esto  se necesita no sólo una percepción directa, pensar con claridad, una mente cuidadosa, sino también un sentido de belleza. Sí lo han comprendido, se darán cuenta de que el apego a dejado de tener una gran importancia, no es necesario que luchen para liberarse de él, cae por sí mismo como una hoja que se lleva el viento. Entonces la mente se vuelve tremendamente vital, despierta, precisa, y deja de estar confundida.

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Solamente es posible tener ese sentir explosivo si se comprende todo el proceso de uno mismo y de los apegos. Si son capaces de explorar, de examinar, de investigar esto a lo que llamamos apego, entonces empezaran a aprender, y el aprender elimina las cosas muertas, el aprender es lo que transmite ese sentir a la acción. Puede que uno al actuar cometa un error, pero ese error forma parte del constante proceso de aprendizaje. Actuar significa que uno está intentando ver, descubrir, comprender, no simplemente tratando de conseguir un resultado, porque todo resultado es algo muerto, y la acción se vuelve muy insignificante y mezquina si uno no comprende el centro, el actor. Nosotros siempre separamos al actor de la acción, el ‘yo’ siempre hace esto y, de ese modo se convierte en algo muerto.

Sin embargo, si empiezan  a comprenderse a sí mismos, lo cual es conocimiento propio, lo cual significa aprender acerca de uno, entonces ese aprender es algo muy hermoso, extremadamente sutil, como las aguas llenas de vida. Si comprenden eso y, con esa comprensión, actúan – no con la acción del pensamiento, sino a través del proceso de aprender -, descubrirán que  la mente ha dejado de estar muerta, de estar apegada a cosas muertas o moribundas. Entonces la mente es extraordinaria, es como el horizonte, el infinito, el espacio; no tiene medida. Una mente así puede profundizar muy hondo y convertirse en el universo, en lo eterno. Desde ese estado es posible actuar en el tiempo pero con un sentir de forma diferente. Todo esto no requiere tiempo cronológico, días, semanas o años, sino comprenderse a sí mismo,  lo cual puede hacerse en el instante; a partir de ahí uno descubrirá lo que es el amor, ese amor que no conoce celos, envidia o ambición y que no tiene amarres. Ese es un estado en el que no existe en tiempo y, por eso, la acción adquiere un significado totalmente diferente en nuestra vida diaria.

Madrás (Chennai), quinta charla, 5 de enero de 1966
Obras completas, tomo XVI

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La Vida es Accion…

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La Accion, Silencio y Mente Religiosa (P-2)

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parte 2 de 3

Una mente que está completamente vacía, vacía en el sentido de que observa, de que está en silencio y, por eso, ama, comprende perfectamente la muerte; una mente así es creativa…, y sólo esa mente religiosa puede resolver los problemas de la desdicha de este mundo.

¿Se han preguntado alguna vez porque los científicos tienen tanta energía? Si alguna vez han visitado un laboratorio de investigación de primera clase, habrán visto la extraordinaria energía y actividad que tiene un científico, porque está tratando de investigar cosas externas sin oponer resistencia, se mueve de hecho en hecho, no se deja llevar por teorías, hipótesis o especulaciones; no es teórico, es un técnico con una visión genuina, clara, que observa cada cosa en el microscopio. Sin embargo, aunque tenga mucha energía mientras está en el laboratorio, al salir fuera es exactamente igual que cualquier otra persona, tiene preocupaciones, lucha por una posición, es agresivo, nacionalista, está atrapado en creencias religiosas o ha inventado su creencia particular, etc., lo cual supone un derroche de energía.

Para observar, la mente debe estar en completo silencio, en última instancia si el científico está mirando algo en el microscopio o cualquier cosa que haga, está observando desde el silencio y no desde el conocimiento; lo que ve lo traduce posteriormente en términos del conocimiento, y de ahí surge una acción; pero la clave está en que él observa desde el silencio, un silencio de una fracción de segundo o una hora; esa es la única manera de observar.

Por tanto, cultivar el silencio de la mente es absurdo, no es posible practicar y llegar a ese silencio de la mente; sin embargo, para mirar, para observar, es necesario estar en silencio. Si la mente está parloteando, no es posible ver la puesta de sol, sólo es posible verla en su totalidad cuando la mente tiene esa quietud e intensidad tan extraordinaria; finalmente eso es belleza. Es decir, percibir la belleza o la no-belleza sólo es posible cuando hay pasión, cuando uno mira la puesta de sol con intensidad, pero no es posible sentir esa intensidad si uno no está en silencio. Así pues, uno empieza a ver la importancia de que la mente esté en silencio cuando observa, y para observar no necesita disciplinar la mente para que esté en silencio, porque entonces es una mente muerta. No obstante la mente que observa desde el silencio crea su propia disciplina, no necesita disciplinarse porque está observando.

La observación desde el silencio es pasión, es energía, y uno puede observar sus miedos. La mayoría de las personas tiene miedo, miedo a la muerte, miedo a esta vida vacía he inútil, y debemos afrontar ese miedo, observarlo sin ningún movimiento, sin intentar transcenderlo ni oponer resistencia, sin intentar liberarnos de él. El intentar eliminarlo, superarlo o reprimirlo es un derroche de energía, mientras que si uno observa el movimiento completo del miedo, esa observación desde el silencio aporta la energía necesaria y el problema del miedo desaparece.

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La mente religiosa es una mente que comprende la familia y su lugar en relación con el todo, es una mente que no busca autoridad ni posición, que no está atrapada en ningún ritual, en ningún dogma o creencia, en ninguna iglesia ni templo organizado, es una mente que no tiene ningún interés en crear ilusiones. La mente religiosa en una mente que mira los hechos y, por tanto, no necesita hacer esfuerzo alguno cuando actúa. […]

Uno puede ser un gran ciudadano y no hace falta retirarse a un monasterio o convertirse en sannyasi, puede ser un técnico eficiente o un ser humano rodeado de máquinas, si actúa desde esa observación silenciosa y sin esfuerzo, porque esa es la única acción que no genera odio, enemistad, competitividad; entonces verá que a través de esa observación y ese silencio hay espacio y amor.

El amor significa morir cada día, el amor no es memoria ni pensamiento; el amor no tiene continuidad que se extienda en el tiempo y a través de la observación, uno debe morir a todo lo que tenga continuidad, porque entonces hay amor y con el amor llega la creación.

La creación es algo difícil de comprender. El hombre que escribe un poema, por más hermoso que sea, cree que eso es ser creativo; el hombre y la mujer que tiene hijos piensan que son creativos; el hombre, el cocinero que hace pan, piensa quizá que también es creativo. Pero la creación es mucho más que eso. El hombre no es creativo por el simple hecho de escribir un libro o sentirse realizado a través de una pequeña y mezquina ambición. La creación no es una estructura hecha por el hombre, ni por el conocimiento tecnológico que ha logrado, no es el resultado de ese conocimiento tecnológico, que es una mera invención. La creación es intemporal, no tiene ayer ni mañana, vive fuera del tiempo, y sólo es posible llegar a ella de forma natural, cuando se comprende todo el problema de la existencia.

Así pues, una mente religiosa es todo esto y entonces se conoce, o más bien está en un estado que es creativo en cada momento, actuando siempre desde esa extraordinaria sensación de vacuidad.

No sé si han observado que un tambor está vacío y cuando uno lo tañe emite el sonido correcto, sin embargo está vacío. Nuestras mentes nunca están vacías, están siempre saturadas y, en consecuencia, nuestra acción nace de ese agobiante ruido del pensamiento, de la memoria, de la desesperación, y por tanto la acción siempre es contradictoria y trae enorme desdicha.

En cambio una mente que está completamente vacía, vacía en el sentido de que observa, de que está en silencio y, por eso, ama, comprende perfectamente la muerte; esa mente es creativa y la mente creativa en todo momento está vacía, actúa desde ese vacío, habla desde ese vacío, por consiguiente siempre está con la verdad y nunca genera en sí misma un engaño. Sólo esa mente religiosa puede resolver los problemas de la desdicha de este mundo.

Madrás (Chennai), séptima charla, 6 de enero de 1965
Obras completas, tomo XV

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parte 3 —>

La Accion, Silencio y Mente Religiosa (P-1)

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Podemos ayudarnos mutuamente a encontrar la puerta a la realidad, pero cada uno debe abrir esa puerta por sí mismo, y esta es, a mi parecer, la única acción positiva.

Solo cuando la mente deja de ser ambiciosa, cuando deja de buscar y exigir, tiene libertad para descubrir lo que es la verdad, Dios.

Por eso es tan importante conocerse a sí mismo, no a través del análisis en el que una parte de la mente analiza a la otra parte, lo cual solo conduce a mayor confusión, sino que se trata de darse cuenta realmente – sin juicio ni condena del modo en que actuamos, de las palabras que usamos – de nuestras distintas emociones, de nuestros pensamientos ocultos. Si podemos mirarnos a nosotros mismos sin excitación, sin reprimir las emociones escondidas sino invitándolas a salir para comprenderlas, entonces la mente permanece tan quieta que tiene la posibilidad de llevar una vida de plenitud.

Estas son las cosas que creo que deberíamos investigar juntos; Podemos ayudarnos mutuamente a encontrar la puerta a la realidad, pero cada uno debe abrir esa puerta por sí mismo, y esta es, a mi parecer, la única acción positiva.

Así pues, cada uno de nosotros debe producir una revolución interna, religiosa. Únicamente una revolución interna y religiosa pueden transformar por completo nuestra forma de pensar. Para generar tal revolución, es necesario observar en silencio las respuestas de la mente, sin juzgar, sin condenar y sin comparar. Hoy en día y tomando el verdadero sentido de la palabra, la mente no es creativa ¿Verdad?, es tan sólo un producto fabricado de la memoria acumulada. Donde hay envidia, ambición y egoísmo, no puede haber creatividad. Por tanto lo único posible es comprenderse uno mismo y descubrir cómo funciona nuestra mente. Dicho proceso de comprensión es un proceso arduo. No es posible hacerlo de forma casual, en el futuro, mañana, sino todo lo contrario, debe hacerse cada día, cada instante, todo el tiempo. Comprenderse uno mismo es darse cuenta de manera natural y espontanea de todas las actividades de nuestro pensar, de forma que veamos todos los móviles y todas las intenciones ocultas detrás de nuestros pensamientos, para así poder liberar a la mente de su propia atadura y limitación. Entonces la mente permanece quieta y, en esa quietud, algo que no pertenece a la mente puede manifestarse por sí mismo.

Estocolmo, primera charla, 14 de mayo de 1956
Obras completas, tomo X

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¿Puede mirar sin la palabra todos y cada uno de sus problemas…?

Posiblemente pueda mirar una flor, una nube o un pájaro en vuelo sin centro, sin una sola palabra, sin esa palabra que crea el pensamiento, pero ¿es posible mirar sin la palabra todos y cada uno de nuestros problemas, el problema del miedo, del placer? Porque la palabra genera, crea el pensamiento, siendo el pensamiento memoria, experiencia, placer y , por tanto, un factor de distorsión.

En realidad se trata de algo muy simple y, debido a que es tan simple, desconfiamos, preferimos lo complejo, lo enrevesado, pero lo complicado siempre lleva el perfume de las palabras. Si puedo mirar una flor sin verbalizar, y puedo hacerlo, cualquiera puede hacerlo si pone suficiente atención, ¿podemos mirar también nuestros problemas con esa misma atención objetiva, no-verbal? ¿Podemos mirar desde ese silencio sin la palabra, mirar sin que la maquinaria del pensar intervenga como placer y tiempo? ¿Podemos simplemente mirar? Creo que este es el quid de la cuestión, no abordar las cosas desde la periferia, lo cual complica la vida tremendamente, sino mirar la vida y sus innumerables dificultades, como la subsistencia, el sexo, la muerte, la desdicha, el dolor de estar terriblemente solo, mirar todos eso sin conclusiones, desde el silencio, lo cual significa sin un centro, sin la palabra que provoca un reacción del pensamiento, que es memoria y, por consiguiente, tiempo. Creo que ese es el verdadero problema, la verdadera cuestión, si la mente puede observar la vida y actuar de inmediato – no primero la idea y luego la acción – , de forma que todo conflicto termine.

Londres, sexto diálogo público, 9 de mayo de 1955
Obras completas, tomo XV

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¿Cuándo hay silencio, de ese silencio nace la acción, y esa acción nunca es complicada, confusa o contradictoria.

Por tanto el silencio sobreviene cuando existe ese estado de soledad, y ese silencio está más allá de la conciencia.

La conciencia, el consciente o el inconsciente, es placer, pensamiento y también la estructura que genera todo eso; en ese campo nunca puede haber silencio y, por eso, cualquier acción en ese campo siempre genera confusión, dolor y desdicha.

Únicamente cuando una acción nace del silencio, el sufrimiento termina, y a menos que la mente esté libre de todo sufrimiento, personal o de cualquier otro tipo, vivirá en la obscuridad, en el miedo y la ansiedad.  Por consiguiente, sea cual sea su acción siempre habrá desorden; no importa la decisión que tome siempre generará conflicto. Si uno comprende todo esto, viene el silencio, y donde hay silencio hay acción; el silencio en sí mismo es acción, no significa que primero deba haber silencio y después acción. Probablemente nunca han experimentado ese silencio completo. Desde ese silencio pueden perfectamente hablar, no importa que tengan recuerdos, experiencias y conocimientos. Si no tuvieran ningún conocimiento ¡no podrían hablar! Cuando hay silencio nace la acción, y esa acción nunca es compleja, confusa ni contradictoria.

Mándras, sexta charla, 9 de enero de 1955
Obras completas, tomo XVI

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[…] Estamos  moviéndonos de hecho en hecho con sumo cuidado y prudencia, al fin y al cabo así es como investiga el científico. Puede que el científico tenga diversas teorías, pero las deja de lado en el momento que afronta los hechos. Lo que le interesa es la observacion de las cosas externas, las cosas relacionadas con la materia, estén cerca o lejos, para él, lo unico que existe es esa materia y la observación de esa materia, del movimiento externo. Sin embargo a la Mente Religiosa le interesa el hecho y moverse con el hecho, de tal manera que el movimiento externo sea un proceso unitario junto con el movimiento interno, los dos movimientos no están separados. El hombre religioso se mueve de lo externo a lo interno como la marea, en un constante movimiento de fuera hacia adentro y de dentro hacia afuera, de tal manera que existe un perfecto equilibrio y un sentido de integración, lo externo y lo interno siendo un mismo movimiento unitario, no dos movimientos separados. […]

Hemos estado hablando de la mente religiosa y la mente científica. Cualquier otra mente es una mente malintencionada, ya sea la de una persona culta, la de un brillante erudito o la del sannyasi que ha renunciado a esto o a aquello; la mente política, por supuesto, es la más destructiva. La mente que de verdad es cientítica observa, examina, desmenuza, se adentra en el movimiento externo de la vida sin depender de ningún compromiso. Puede que el científico tenga algún compromiso fuera del laboratorio, donde sigue siendo un ser humano condicionado, pero dentro del laboratorio tiene ese espíritu inquisitivo y esa firme investigación de la búsqueda del hecho; ese es el único propósito del campo científico y asi deben ser nuestras mentes para poder comprender. La mente debe comprender tanto lo externo como lo interno, y debe comprender también que estos son los dos únicos hechos reales. Debemos empezar a comprenderlos como un proceso unitario, pero solo la mente religiosa puede comprender este proceso unitario, y entonces cualquier acción que surja de esa mente religiosa será una acción que no generará confusion ni desdicha.

Bombay, séptima charla, 5 de marzo de 1961
Obras completas, tomo XII

parte 2  —>

La Muerte es Accion Total

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Existe una única acción total…, que es la muerte, morir.

Existe una única acción que es total y esa acción es la muerte ¿verdad? No hay discusión, ninguna objeción intelectual posible acerca de la muerte. Por más opiniones o citas de libros sagrados, no es posible escapar de ella, no se puede evitar, no puede pedirle a la muerte: “Dame un día más“. Así pues, existe una única acción total, que es la muerte, el morir.

Para la mayoría, morir es negativo, ¡morir es como un suicidio! Y, debido a que no comprendemos la extraordinaria naturaleza de la muerte, nosotros, la gente culta, los intelectuales, convertimos la vida en algo que no tiene ningún significado, la vida pierde todo su sentido. Así, ¿tiene la vida algún significado? Por favor señores, ¡examínenlo de verdad! ¿Tiene su vida algún sentido, ir al trabajo, ganarse el sustento, mantener a la familia, el placer sexual, conducir un automóvil pequeño o grande, caminar? ¿Qué significa todo eso para ustedes, escribir o no escribir un libro, realizar alguna insignificante reforma social, pertenecer a una pequeña sociedad, etc.? ¿Qué significado tiene todo eso? Y cuanto más cuestionamos el vivir, la tortura que supone, menos significado tiene. Toda esa gente tan instruida que escribe libros sin sentido, libros que no sirven para nada, impulsados por la desesperación, escriben sobre filosofía o se inventan una filosofía. Pero nosotros no estamos hablando de un suicidio, no estamos hablando de la desesperación como acción suprema, solo estamos señalando que la muerte es la única acción total y completa como el amor; el amor también es una acción total, el amor no tiene contradicción. Pero el amor que conocemos esta limitado por los celos, la ansiedad, la soledad, “mi amor” contra “su amor”, “mi familia” contra “su familia”, “mi nación” contra “su nación”, “mi tribu” contra “su tribu”, el “sur” contra el “norte”. Decimos que amamos, pero nuestro amor es una contradicción.

Así pues, tenemos que comprender la muerte, porque solo cuando comprendamos la muerte conoceremos lo que es el amor. O bien, si comprendemos la naturaleza completa de esta contradicción que se manifiesta como placer, entonces comprenderemos la acción total del amor, porque el amor y la muerte van juntos, y deben comprender el extraordinario misterio de la muerte.

Rajghat, Benarés, tercera charla, 28 de noviembre de 1965
Obras Completas Tomo XV

La Vida es Accion…

Terminar con el Tiempo Psicológico

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¿Es posible terminar con el tiempo psicológico?

Así pues, ¿Qué entendemos por tiempo, si es que existe tal cosa como el tiempo? Y ¿es posible terminar con el tiempo psicológico?  Estamos acostumbrados a pensar en  base a un proceso gradual: <<Cambiaré>>, <<trataré de ser bueno>>, <<debería ser>>, <<no debería ser>>, etc.; todo eso significa tiempo, es decir, <<trataré de hacerlo en el futuro>>, esa misma acción de <<trataré>> es tiempo. Por favor obsérvenlo con mucha atención, la acción de <<debería>> o de <<no debería>> es tiempo, porque hay un intervalo entre lo que es y lo que debería ser, y para llegar a lo que debería ser se requiere tiempo.

En un sentido cronológico, necesitan tiempo para desplazarse desde aquí hasta su casa; del mismo modo, cuando uno quiere cambiar lo que es, piensa en términos de tiempo, o sea, <<debería hacer eso>>; por tanto, ese <<debería>> implica tiempo, significa que después de acumular experiencia, después de saber, uno actúa; no tratamos de aprender y actuar conjuntamente. Vamos a investigarlo; tal vez no lo tengan claro de momento… Debo explicarlo con mucho cuidado, profundizarlo paso a paso, y sus mentes deben estar igualmente atentas y darse cuenta, seguir el significado, de lo contrario se lo perderán.

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Como decíamos, sin comprender esta cuestión del tiempo la mutación no tiene sentido, solo nos interesa mejorar personalmente, ser mejores, más nobles, más amables, menos amables, esto o lo otro, lo cual implica tiempo.  También vemos que donde opera el conocimiento como voluntad, el tiempo está implicado, y si el tiempo interviene entre el actor y la acción aparecen otros factores, por tanto la acción nunca es completa. Si decido de hacer algo, es decir, lo haré mañana, entre hoy y mañana ¿Qué sucede? Hay un intervalo de tiempo, un periodo de tiempo, y en ese espacio intervienen otros factores, otras presiones, otras tensiones; por tanto, lo que debería ser sufre una modificación y, en consecuencia, también mi acción, de modo que la acción nunca puede ser completa. Mañana empezaré internamente a renunciar a algo, lo haré, me conformaré, imitaré, etc., pero antes de que eso suceda aparecerán he interferirán otros factores, otras presiones, otras preocupaciones; por consiguiente la acción entre lo que es y lo que debería ser requiere modificación constante, y por eso, nunca es una acción completa.

Madrás (Chennai), cuarta charla, 2 de enero de 1966
Obras completas tomo XVI

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La totalidad del tiempo está en el presente activo. Un verbo es en esencia el presente activo, ¿no es así? El verbo ser incluye ‘fue’, ‘es’ y ‘será’, lo que fue, lo que es y lo que será. Pero a la mayoría nos interesa la continuidad de lo que ha sido y, a través de lo que es, alcanzar lo que será. Así es nuestra vida y operamos sobre esa base, actuamos en esos términos: el pasado se expresa, el presente lo modifica y así se crea el futuro. Nuestra acción, que ya está determinada por el ayer, se modifica en el hoy y moldea lo que será el mañana. En otras palabras, para la mayoría de nosotros la causa y el efecto están separados por un intervalo, por una distancia en la que es ineludible que la causa se convierta en efecto; los hindúes normalmente lo denominan Karma.

Ahora bien, si uno examina de cerca esta cadena de causa y efecto, descubrirá que nuestra acción no depende totalmente de la causa inicial, sino que puede surgir de algo completamente diferente. Una semilla de mango, por ejemplo, siempre producirá un árbol de mango, nunca una palmera o un tamarindo. La causa esta prefijada en la naturaleza misma de la semilla de mango y produce un efecto determinado, no puede darse otra cosa que un árbol de mango. Pero nuestra situación es muy diferente, porque lo que comenzó como un efecto se convierte en causa: debido a distintas circunstancias, el presente se modifica constantemente y, así, puede que produzca un efecto completamente distinto a la causa inicial. De manera que en los seres humanos la causa no es algo fijo, sufre cambios contantes y esos cambios se proyectan en la acción futura.  Comprender este hecho significa comprender totalmente lo que es la acción.

Nueva Delhi, séptima charla, 6 de marzo de 1960
Obras completas, tomo XI

La Vida es Accion…

¿Que debe hacer el ser Humano?

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El ser humano se preocupa por el bienestar total, por la totalidad de la desdicha y de la confusión. Una vez este punto este completamente claro, entonces podemos preguntar: ¿Qué debe hacer el ser humano?

Pienso que hay una diferencia entre un ser humano y un individuo. Un individuo es una entidad local que vive en un determinado país, que pertenece a una determinada cultura, a una determinada sociedad y religión, etc. Un ser humano, sin embargo, no es una entidad local, ya viva en América, Rusia, China o aquí; creo que debemos tener eso en mente mientras dialogamos juntos.

Así pues, ¿Qué se supone que debe hacer el ser humano? Si un ser humano comprende la totalidad de este problema y actúa, entonces el individuo tiene relación con esa totalidad; sin embargo, si el individuo se limita a actuar en una pequeña parcela de este extenso campo de la vida, en ese caso, su actividad no tiene relación alguna con el todo. Por tanto uno debe tener muy presente que no nos estamos refiriendo a una parte, sino al todo, a la totalidad del ser humano, este en África, Francia, Alemania, aquí o en cualquier lugar. En lo grande esta lo pequeño, pero en lo pequeño no está lo grande. Estamos hablando del individuo, y el individuo es lo pequeño, está condicionado, desdichado, frustrado y en continuo descontento, se satisface con pequeñeces, con sus pequeños dioses, con sus insignificantes tradiciones, etc. El ser humano, en cambio, se preocupa por el bienestar total, por la totalidad de la desdicha y la confusión. Una vez este punto esté completamente claro, entonces podemos preguntar: ¿Qué debe hacer el ser humano?

Al ver esa enorme confusión, ese desorden, brutalidad, guerras, esas interminables divisiones religiosas, nacionalismos, etc., ¿Qué debe hacer un ser humano cuando se enfrenta a todo eso? Me pregunto si tal vez alguna vez se han hecho esta pregunta o si solo les interesa su pequeño problema particular. No digo que no sea importante, sino que ese pequeño problema, por insignificante, inmediato o urgente que sea, está relacionado con la totalidad de la mente humana. Uno no puede separar su pequeño problema individual de la totalidad de los problemas humanos de la vida, y como todos son problemas – familiares, religiosos, pobreza – están relacionados, centrarse en un problema particular carece de sentido.

Así pues, es necesario considerar al hombre como un todo, y cuando el hombre se encuentra cara a cara con ese terrible reto, no solo en lo externo sino también en su conciencia, entonces la crisis no está solo fuera en el mundo exterior, sino también dentro de la misma conciencia; en realidad no están separados. Creo que no tiene sentido dividir el mundo en exterior e interior, porque ambos están relacionados entre sí y, por tanto no pueden dividirse. Sin embargo, para comprender todo este movimiento, este proceso unitario, uno tiene que comprender con objetividad no solo los sucesos externos, las diversas crisis que padecemos, sino también las crisis y los retos internos del campo de la conciencia. Al afrontar esta cuestión, como lo estamos haciendo ahora, estoy seguro de que uno se preguntara: ¿Qué esta sucediendo?

Es una tarde muy hermosa, ¿verdad? El sol brilla sobre las hojas y las envuelve de una luz delicada, las ramas se mecen con suavidad y el resplandor del sol poniente se abre paso a través de las hojas y del bosque. Curiosamente, toda esta belleza no tiene relación con nuestra vida cotidiana, la ignoramos, no la miramos, y si lo hacemos es con una mirada rápida mientras seguimos con nuestro problema particular, ¡con nuestra interminable búsqueda de nada! Somos incapaces de mirar esa luz sobre estas hojas, de escuchar a los pájaros o de ver con claridad o por nosotros mismos –no de manera fragmentada ni desde el aislamiento- la totalidad de esta cuestión de la existencia humana. ¡Espero que no piensen que me estoy poniendo romántico al mirar esa luz! Pero, como saben, sin pasión, sin sentir, uno no puede hacer nada en la vida. Si uno siente profundamente la pobreza, la suciedad, la miseria, el deterioro que hay en este país, la corrupción, la ineficacia, la espantosa insensibilidad alrededor nuestro y de la cual no somos conscientes, si sienten una profunda pasión por todo eso, si sienten también esa pasión cuando miran las flores, los árboles, el sol que se filtra entre las hojas, entonces verán que no hay nada separado. Si no puede ver la luz que brilla sobre esas hojas y deleitarse con eso, ni sentir pasión en ese deleite, entonces me temo que tampoco sentirán pasión al actuar; sin embargo, es necesario que haya acción, no interminables teorías y discusiones.

Cuando uno afronta este enorme y complicado problema del descontento humano, de la búsqueda humana, de ese anhelo humano de algo que esta más allá de la estructura del pensamiento, uno debe tener pasión por descubrir. Sin embargo, la pasión no es un proceso del pensamiento; la pasión es algo nuevo a cada minuto, es algo vivo, vital, rebosante de energía, mientras que el pensamiento es viejo, viene del pasado, está muerto. Ningún pensamiento es nuevo porque el pensamiento es el resultado de la memoria, de la experiencia, del conocimiento, los cuales pertenecen al tiempo, que es pasado. De ese pasado o regresando a ese pasado no puede nacer la pasión, no es posible revivir algo que está muerto o tener pasión por algo muerto.

Madrás (Chennai), primera charla, 15  de enero de 1967, Obras completas, tomo XVII

La Vida es Accion…

La Accion Inmediata, Instantanea

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En todo el mundo, mucha gente, en especial los jóvenes, insisten en la necesidad de actuar ahora, no mañana.

¿Existe una acción en la que el tiempo y la ideología no intervengan en forma alguna, es decir, donde ver y actuar sean lo mismo?  Eso es lo que el mundo necesita. El hombre que no tiene nada, que no tiene ni comida ni ropa, que vive atormentado, no puede esperar cierto proceso evolutivo ni tampoco puede esperar para recibir los alimentos que promete esa ideología. Ese hombre dice << necesito la comida ahora, no mañana >>. En todo el mundo, en especial los jóvenes, insisten en la necesidad de actuar ahora, no mañana; el ahora es mucho más importante que el mañana; la generación actual es mucho más importante que la generación venidera.

Por tanto ¿existe una acción en la que no intervengan ni el tiempo ni la ideología? Esa es la única revolución; o sea, si veo algo peligroso, ver y actuar son lo mismo. Si veo que el nacionalismo –tomo ese ejemplo muy simple- , si veo que es un veneno por que divide a la gente, etc., al ver  que es veneno, dejo de inmediato y por completo de alimentar ese nacionalismo; esa acción inmediata es libertad.

Madrás (Chennai), segunda charla, 18 de enero de 1967
Obras completas, tomo XVII

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La rebelión nunca  es libertad, la libertad es algo por completo distinto. La libertad únicamente llega cuando uno ve y actúa, no a través de la reacción. Ver es actuar y, por tanto, es instantáneo;  si uno ve un peligro no se pone a pensar, a discutir, a dudar; actúa de inmediato, el mismo peligro le empuja a actuar, De manera que ver es actuar y ser libre; es decir, ver es actuar, y esa acción es la esencia misma de la libertad, no la rebelión.

Madrás (Chennai), primera charla, 15 de enero de 1967
Obras completas, tomo XVII

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INTERLOCUTOR: ¿Es la acción inmediata una acción total?

KRISHNAMURTI: Exactamente, señor, eso dije, << acción inmediata >>. Sin embargo esa es una de las cosas más difíciles de comprender; de modo que no diga simplemente  << acción inmediata >>. Como sabe, muchos hablan de << vivir el ahora >>. Pero vivir el ahora es una de las cosas más extraordinarias que existen, y para vivir el ahora, que es acción inmediata, uno tiene que comprender el condicionamiento, el cual es pasado y no  proyectarlo hacia el futuro. Así, uno tiene que eliminar el intervalo de tiempo y vivir en ese asombroso estado de lo inmediato.

Rajghat, Benarés, tercera charla, 24 de noviembre de 1964
Obras completas, tomo XIV

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INTERLOCUTOR: ¿Es la acción espontanea la acción correcta?

KRISHNAMURTI: ¿Sabe lo difícil que es ser realmente espontáneo? Considerando lo condicionados que estamos por la sociedad, por nuestros recuerdos, por el pasado, ¿Qué posibilidad tenemos de ser espontáneos? Actuar de manera espontánea implica, como es obvio, actuar sin motivo, sin premeditación, sin un ápice de ambición personal, sin egoísmo, solo se trata de hacer algo como resultado de la plenitud del propio ser. Así, ser realmente espontaneo requiere deshacerse por completo del pasado, porque solo una mente inocente puede ser espontánea.

Saanen, novena charla, 25 de julio de 1963
Obras completas, tomo XIII

La Vida es Accion…

Afrontar el Hecho es Actuar

Cuando uno afronta el hecho…, entonces vive por completo en el presente

Así pues, una mente es libre únicamente si es capaz de afrontar el hecho, lo que es, como por ejemplo ver la pobreza y no un reto supremo, porque no existe ningún reto supremo. La vida es un reto a cada momento; ver la pobreza, reunirse con su jefe en la oficina, ver a su esposa, ver a sus hijos, ver al cobrador del autobús, ver la miseria, ver la belleza de una puesta de sol, ver la propia ira, la envidia, la necedad de uno, todos son hechos. Lo importante es cómo nos relacionamos con el hecho, no lo que pensamos ni lo que debemos hacer con él. Cuando uno afronta el hecho sin ninguna opinión, valoración ni juicio, entonces vive por completo en el presente. Para una mente así, no existe el tiempo y, por tanto, puede actuar; porque el hecho en sí mismo genera la necesidad urgente de actuar, no así las opiniones, los deseos y los ideales de uno.

Mandarás (Chennai), cuarta charla, 27 de diciembre de 1964, Obras completas, tomo XV

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Sensibilidad significa que la mente está en un estado donde solo existe el hecho y no los muchos recuerdos que tenemos del hecho. Esa percepción, ese ver, ese escuchar en cada momento genera una acción extraordinaria. Por favor, no se dejen llevar por la intensidad o el entusiasmo de quien les habla, no se dejen hipnotizar, más bien observen, escuchen y descubran por sí mismos.

Saanen, tercera charla, 26 de julio de 1962, Obras completas, tomo XII

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     …cuando uno es capaz de mirar limpiamente cualquier clase de hecho, el hecho de la memoria, de los celos, del nacionalismo, del odio, del deseo de poder, de posición y de prestigio, entonces el hecho muestra todo su inmenso potencial, florece, y en ese florecer no solo se comprende el hecho, sino también la acción que ese hecho produce.

…sólo de ese acto puro de ver el hecho nace la acción, y la mutación de la conciencia humana.

Mandarás (Chennai), segunda charla, 26 de noviembre de 1961, Obras completas, tomo XII

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Es necesario ver el hecho de que existe una acción que, debido a su magnitud, no crea conflicto ni sufrimiento. Para encontrarla, para dar con ese enigma, con ese misterio, sin pensar, tiene que haber libertad desde el mismo principio, no al final; libertad para investigar, para mirar, para observar; uno debe estar libre del miedo.

Bombay, tercera charla, 20 de febrero de 1966, Obras completas, tomo XVI

La Vida es Acción