La Colaboración Buena y La Mala

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Se cuenta de un caso picoso y picaresco, pero real.
Una mujer llego a la delegación más próxima a su casa para poner una denuncia por violación. Estaba tan alterada que tuvieron que darle calmantes para poder anotar los detalles de su acusación.
El abogado que le toco en turno le pidió en primera instancia que describiera el perfil psicológico del agresor.
– Dígame, señora, y perdone lo molesto de las preguntas, pero es necesario para proceder a la aplicación de la justicia. ¿Cómo es el agresor? – señalo el encargado.
– Pues mire, quiero decirle para empezar que ese hombre es un verdadero idiota.
– Pero, señora, por favor cálmese – insistió el abogado – Aunque usted diga palabras soeces contra el no nos ayuda en nada.
– Quiero insistir – reclamo la señora -, escriba por favor, ese hombre es un tonto.
– Pero señora – interrumpió el escribano – ¿Por qué dice esos calificativos contra su agresor?
– Bueno, pues si quiere que se lo diga ponga atención. Mire, yo estaba perfectamente dormida cuando este hombre se coló por la ventana, y cuando estaba en sus menesteres, no sabía absolutamente nada de nada… y tuve que ayudarle…
De la mano del abogado cayo la pluma y el caso quedo cerrado.

***

En este caso de la señora ofendida no hubo tal ofensa y todo quedo como una burla. El ofendido que grita: “me heriste, me estás haciendo sufrir”, solamente está haciendo una franca y abierta colaboración con su malhechor. En realidad nadie puede ofendernos si no permitimos que la ofensa llegue al alma. Las personas amargadas y de baja autoestima son expertos colaboradores de aquellos tiranos que les quitan el bienestar a sus vidas. El secreto de la felicidad y de la vida plena consiste en otro tipo de colaboración buena y excelente. Es aceptar todo aquello que ya entro por la ventana por misterioso o absurdo que nos parezca, o puede convertirse en un tirano de cara oculta. Lo que ya paso es inevitable y ya no tiene remedio. La formula es no volver a ser “ingenuo”, “no entregarse aquellos que nos hacen sentir mal”, “cerrar las puertas del alma a aquellas cosas que nos perjudican”. Y aceptar las cosas que ya no tienen remedio, como el pasado, la enfermedad, los amores equivocados, los fracasos, la muerte, todo lo que fue inevitable, acéptalo y déjalo que sea. Abre las puertas de tu corazón a todas las buenas alternativas que te esperan.

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