Cortos de Belén Gache

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Belén Gache es una escritora argentina-española. De familia materna andaluza y familia paterna gibraltareña, nació en Buenos Aires en 1960. Se recibió en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, en donde fue docente en la década del 90 dictando seminarios de narratología y teoría literaria.[…]

Identificada con la denominada literatura posmoderna, sus novelas se caracterizan por la fragmentación, el hiperrealismo y el uso de narradores no confiables. Con influencias del minimalismo y la antinovela, sus ficciones están escritas en primera persona y en tiempo presente por protagonistas femeninas desarraigadas, inadaptadas, cuasi-paranoides. […]

Estos son algunos de sus textos  publicados en el Libro del Fin del Mundo

EL JUEGO DE LA OCA

El más antiguo tablero del juego de la oca que se ha descubierto es el Disco de Phaistos. El mismo fue hallado en Creta en 1908 y está fechado en el 2000 a.C. Se trata de un disco de arcilla con una línea en espiral que marca 31 casilleros en una de sus caras y 30 casilleros en la otra. Varios de los casilleros están marcados con la figura de un pájaro. Otros, en cambio, dudan de que este disco sea un verdadero juego de la oca y atribuyen la invención de este juego a los Templarios. El diseño del tablero estaría, según esta versión, o bien basado en una serie de combinaciones cabalísticas o bien sería la representación gráfica del camino de los peregrinos a Santiago. Sea como fuere, todos coinciden en que la oca cobra verdadero auge durante el Renacimiento. Fernando de Médicis, gran fanático de este juego, fue quien se encargó de imponerlo como una moda en las cortes europeas. Así fue como, jugando al juego de la oca, el rey Carlos perdió su corona, la reina María perdió su razón, la emperatriz Alejandra perdió su vergüenza, el rey Federico perdió su dignidad y la reina Cristina perdió su cabeza.

EL PAÑUELO

En el sótano de mi casa hay un laboratorio donde trabajo día y noche para olvidarte. Entre probetas y tubos de ensayo, inventaré un espejo donde tu rostro no se refleje, inventaré un mapa en donde no estés y una memoria que no te recuerde. Por lo pronto, ya inventé un pañuelo que me permite llorar más fuerte.

EL PARAGUAS VIETNAMITA

En Vietnam me compré un paraguas que, cuando lo abro, aparezco en la China. Si lo cierro en la China, aparezco en Cuba. Si lo abro en Cuba, de golpe me encuentro en las Islas Canarias. En las Islas Canarias me compré un abanico que lo agito en Lanzarote y aparezco en Chile. Lo agito en Chile y aparezco en Goa. En Goa me compré unos anteojos que, cuando los uso, estoy en Islandia y, cuando no los uso, ni siquiera puedo ver el mapa.

EL DESVÁN

En el desván de mi casa guardo todas las llaves perdidas, las cajas vacías, los relojes detenidos y los pájaros muertos.

FESTIVALES DE OTOÑO EN BELELANDIA

Cuando llegué a Belelandia, todos los habitantes me llamaban “el extranjero”. Todavía lo siguen haciendo, a pesar de que hace más de 4000 años que vivo en estas tierras. El otoño es aquí la estación más bella. Las hojas de los árboles se tiñen de violeta y la tierra se cubre con mullidas alfombras amarillas. En Belelandia, el otoño es, además, la estación de los festivales. Está el famoso festival del mimbre, en el cual todos los habitantes del lugar tejen canastas y sombreros de las formas más extrañas. También está el festival de las bellotas, en el transcurso del cual no es difícil encontrar ardillas deambulando por las calles del pueblo. También está el festival de la bollería, en el que cada uno hornea una rosca, una trenza, una hogaza de pan. Los habitantes de Belelandia son muy agradables y hasta casi se podría decir que viven felices. El único problema con ellos es que son muy distraídos. Los otros días, por ejemplo, no podían encontrar a la hija del panadero. El pueblo entero la buscó toda la noche. Finalmente, por la mañana, la encontraron en el horno de su padre, cocida con el resto de los panes.

LA ROSA DE NACÁR

Desde los países más lejanos, las personas vienen a ver la rosa que crece en mi jardín. Sus pétalos son de nácar y su tallo de esmeraldas. Mi vecino me dice que tenga cuidado: alguien podría querer robármela. Pero yo no tengo miedo. Si alguien quisiera tocar a mi rosa, se pincharía con sus espinas. Si alguien quisiera aspirar su perfume, dormiría durante mil años. Si alguien intentara mirarla de frente, desaparecería en el acto.

Tambien pueden ver otros textos del mismo libro : 1, 2, 3, 4, 5, 6

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