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Reality Bites #18

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La Accion, Silencio y Mente Religiosa (P-1)

thparte 1 de 3

Podemos ayudarnos mutuamente a encontrar la puerta a la realidad, pero cada uno debe abrir esa puerta por sí mismo, y esta es, a mi parecer, la única acción positiva.

Solo cuando la mente deja de ser ambiciosa, cuando deja de buscar y exigir, tiene libertad para descubrir lo que es la verdad, Dios.

Por eso es tan importante conocerse a sí mismo, no a través del análisis en el que una parte de la mente analiza a la otra parte, lo cual solo conduce a mayor confusión, sino que se trata de darse cuenta realmente – sin juicio ni condena del modo en que actuamos, de las palabras que usamos – de nuestras distintas emociones, de nuestros pensamientos ocultos. Si podemos mirarnos a nosotros mismos sin excitación, sin reprimir las emociones escondidas sino invitándolas a salir para comprenderlas, entonces la mente permanece tan quieta que tiene la posibilidad de llevar una vida de plenitud.

Estas son las cosas que creo que deberíamos investigar juntos; Podemos ayudarnos mutuamente a encontrar la puerta a la realidad, pero cada uno debe abrir esa puerta por sí mismo, y esta es, a mi parecer, la única acción positiva.

Así pues, cada uno de nosotros debe producir una revolución interna, religiosa. Únicamente una revolución interna y religiosa pueden transformar por completo nuestra forma de pensar. Para generar tal revolución, es necesario observar en silencio las respuestas de la mente, sin juzgar, sin condenar y sin comparar. Hoy en día y tomando el verdadero sentido de la palabra, la mente no es creativa ¿Verdad?, es tan sólo un producto fabricado de la memoria acumulada. Donde hay envidia, ambición y egoísmo, no puede haber creatividad. Por tanto lo único posible es comprenderse uno mismo y descubrir cómo funciona nuestra mente. Dicho proceso de comprensión es un proceso arduo. No es posible hacerlo de forma casual, en el futuro, mañana, sino todo lo contrario, debe hacerse cada día, cada instante, todo el tiempo. Comprenderse uno mismo es darse cuenta de manera natural y espontanea de todas las actividades de nuestro pensar, de forma que veamos todos los móviles y todas las intenciones ocultas detrás de nuestros pensamientos, para así poder liberar a la mente de su propia atadura y limitación. Entonces la mente permanece quieta y, en esa quietud, algo que no pertenece a la mente puede manifestarse por sí mismo.

Estocolmo, primera charla, 14 de mayo de 1956
Obras completas, tomo X

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¿Puede mirar sin la palabra todos y cada uno de sus problemas…?

Posiblemente pueda mirar una flor, una nube o un pájaro en vuelo sin centro, sin una sola palabra, sin esa palabra que crea el pensamiento, pero ¿es posible mirar sin la palabra todos y cada uno de nuestros problemas, el problema del miedo, del placer? Porque la palabra genera, crea el pensamiento, siendo el pensamiento memoria, experiencia, placer y , por tanto, un factor de distorsión.

En realidad se trata de algo muy simple y, debido a que es tan simple, desconfiamos, preferimos lo complejo, lo enrevesado, pero lo complicado siempre lleva el perfume de las palabras. Si puedo mirar una flor sin verbalizar, y puedo hacerlo, cualquiera puede hacerlo si pone suficiente atención, ¿podemos mirar también nuestros problemas con esa misma atención objetiva, no-verbal? ¿Podemos mirar desde ese silencio sin la palabra, mirar sin que la maquinaria del pensar intervenga como placer y tiempo? ¿Podemos simplemente mirar? Creo que este es el quid de la cuestión, no abordar las cosas desde la periferia, lo cual complica la vida tremendamente, sino mirar la vida y sus innumerables dificultades, como la subsistencia, el sexo, la muerte, la desdicha, el dolor de estar terriblemente solo, mirar todos eso sin conclusiones, desde el silencio, lo cual significa sin un centro, sin la palabra que provoca un reacción del pensamiento, que es memoria y, por consiguiente, tiempo. Creo que ese es el verdadero problema, la verdadera cuestión, si la mente puede observar la vida y actuar de inmediato – no primero la idea y luego la acción – , de forma que todo conflicto termine.

Londres, sexto diálogo público, 9 de mayo de 1955
Obras completas, tomo XV

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¿Cuándo hay silencio, de ese silencio nace la acción, y esa acción nunca es complicada, confusa o contradictoria.

Por tanto el silencio sobreviene cuando existe ese estado de soledad, y ese silencio está más allá de la conciencia.

La conciencia, el consciente o el inconsciente, es placer, pensamiento y también la estructura que genera todo eso; en ese campo nunca puede haber silencio y, por eso, cualquier acción en ese campo siempre genera confusión, dolor y desdicha.

Únicamente cuando una acción nace del silencio, el sufrimiento termina, y a menos que la mente esté libre de todo sufrimiento, personal o de cualquier otro tipo, vivirá en la obscuridad, en el miedo y la ansiedad.  Por consiguiente, sea cual sea su acción siempre habrá desorden; no importa la decisión que tome siempre generará conflicto. Si uno comprende todo esto, viene el silencio, y donde hay silencio hay acción; el silencio en sí mismo es acción, no significa que primero deba haber silencio y después acción. Probablemente nunca han experimentado ese silencio completo. Desde ese silencio pueden perfectamente hablar, no importa que tengan recuerdos, experiencias y conocimientos. Si no tuvieran ningún conocimiento ¡no podrían hablar! Cuando hay silencio nace la acción, y esa acción nunca es compleja, confusa ni contradictoria.

Mándras, sexta charla, 9 de enero de 1955
Obras completas, tomo XVI

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[…] Estamos  moviéndonos de hecho en hecho con sumo cuidado y prudencia, al fin y al cabo así es como investiga el científico. Puede que el científico tenga diversas teorías, pero las deja de lado en el momento que afronta los hechos. Lo que le interesa es la observacion de las cosas externas, las cosas relacionadas con la materia, estén cerca o lejos, para él, lo unico que existe es esa materia y la observación de esa materia, del movimiento externo. Sin embargo a la Mente Religiosa le interesa el hecho y moverse con el hecho, de tal manera que el movimiento externo sea un proceso unitario junto con el movimiento interno, los dos movimientos no están separados. El hombre religioso se mueve de lo externo a lo interno como la marea, en un constante movimiento de fuera hacia adentro y de dentro hacia afuera, de tal manera que existe un perfecto equilibrio y un sentido de integración, lo externo y lo interno siendo un mismo movimiento unitario, no dos movimientos separados. […]

Hemos estado hablando de la mente religiosa y la mente científica. Cualquier otra mente es una mente malintencionada, ya sea la de una persona culta, la de un brillante erudito o la del sannyasi que ha renunciado a esto o a aquello; la mente política, por supuesto, es la más destructiva. La mente que de verdad es cientítica observa, examina, desmenuza, se adentra en el movimiento externo de la vida sin depender de ningún compromiso. Puede que el científico tenga algún compromiso fuera del laboratorio, donde sigue siendo un ser humano condicionado, pero dentro del laboratorio tiene ese espíritu inquisitivo y esa firme investigación de la búsqueda del hecho; ese es el único propósito del campo científico y asi deben ser nuestras mentes para poder comprender. La mente debe comprender tanto lo externo como lo interno, y debe comprender también que estos son los dos únicos hechos reales. Debemos empezar a comprenderlos como un proceso unitario, pero solo la mente religiosa puede comprender este proceso unitario, y entonces cualquier acción que surja de esa mente religiosa será una acción que no generará confusion ni desdicha.

Bombay, séptima charla, 5 de marzo de 1961
Obras completas, tomo XII

parte 2  —>