¿Que debe hacer el ser Humano?

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El ser humano se preocupa por el bienestar total, por la totalidad de la desdicha y de la confusión. Una vez este punto este completamente claro, entonces podemos preguntar: ¿Qué debe hacer el ser humano?

Pienso que hay una diferencia entre un ser humano y un individuo. Un individuo es una entidad local que vive en un determinado país, que pertenece a una determinada cultura, a una determinada sociedad y religión, etc. Un ser humano, sin embargo, no es una entidad local, ya viva en América, Rusia, China o aquí; creo que debemos tener eso en mente mientras dialogamos juntos.

Así pues, ¿Qué se supone que debe hacer el ser humano? Si un ser humano comprende la totalidad de este problema y actúa, entonces el individuo tiene relación con esa totalidad; sin embargo, si el individuo se limita a actuar en una pequeña parcela de este extenso campo de la vida, en ese caso, su actividad no tiene relación alguna con el todo. Por tanto uno debe tener muy presente que no nos estamos refiriendo a una parte, sino al todo, a la totalidad del ser humano, este en África, Francia, Alemania, aquí o en cualquier lugar. En lo grande esta lo pequeño, pero en lo pequeño no está lo grande. Estamos hablando del individuo, y el individuo es lo pequeño, está condicionado, desdichado, frustrado y en continuo descontento, se satisface con pequeñeces, con sus pequeños dioses, con sus insignificantes tradiciones, etc. El ser humano, en cambio, se preocupa por el bienestar total, por la totalidad de la desdicha y la confusión. Una vez este punto esté completamente claro, entonces podemos preguntar: ¿Qué debe hacer el ser humano?

Al ver esa enorme confusión, ese desorden, brutalidad, guerras, esas interminables divisiones religiosas, nacionalismos, etc., ¿Qué debe hacer un ser humano cuando se enfrenta a todo eso? Me pregunto si tal vez alguna vez se han hecho esta pregunta o si solo les interesa su pequeño problema particular. No digo que no sea importante, sino que ese pequeño problema, por insignificante, inmediato o urgente que sea, está relacionado con la totalidad de la mente humana. Uno no puede separar su pequeño problema individual de la totalidad de los problemas humanos de la vida, y como todos son problemas – familiares, religiosos, pobreza – están relacionados, centrarse en un problema particular carece de sentido.

Así pues, es necesario considerar al hombre como un todo, y cuando el hombre se encuentra cara a cara con ese terrible reto, no solo en lo externo sino también en su conciencia, entonces la crisis no está solo fuera en el mundo exterior, sino también dentro de la misma conciencia; en realidad no están separados. Creo que no tiene sentido dividir el mundo en exterior e interior, porque ambos están relacionados entre sí y, por tanto no pueden dividirse. Sin embargo, para comprender todo este movimiento, este proceso unitario, uno tiene que comprender con objetividad no solo los sucesos externos, las diversas crisis que padecemos, sino también las crisis y los retos internos del campo de la conciencia. Al afrontar esta cuestión, como lo estamos haciendo ahora, estoy seguro de que uno se preguntara: ¿Qué esta sucediendo?

Es una tarde muy hermosa, ¿verdad? El sol brilla sobre las hojas y las envuelve de una luz delicada, las ramas se mecen con suavidad y el resplandor del sol poniente se abre paso a través de las hojas y del bosque. Curiosamente, toda esta belleza no tiene relación con nuestra vida cotidiana, la ignoramos, no la miramos, y si lo hacemos es con una mirada rápida mientras seguimos con nuestro problema particular, ¡con nuestra interminable búsqueda de nada! Somos incapaces de mirar esa luz sobre estas hojas, de escuchar a los pájaros o de ver con claridad o por nosotros mismos –no de manera fragmentada ni desde el aislamiento- la totalidad de esta cuestión de la existencia humana. ¡Espero que no piensen que me estoy poniendo romántico al mirar esa luz! Pero, como saben, sin pasión, sin sentir, uno no puede hacer nada en la vida. Si uno siente profundamente la pobreza, la suciedad, la miseria, el deterioro que hay en este país, la corrupción, la ineficacia, la espantosa insensibilidad alrededor nuestro y de la cual no somos conscientes, si sienten una profunda pasión por todo eso, si sienten también esa pasión cuando miran las flores, los árboles, el sol que se filtra entre las hojas, entonces verán que no hay nada separado. Si no puede ver la luz que brilla sobre esas hojas y deleitarse con eso, ni sentir pasión en ese deleite, entonces me temo que tampoco sentirán pasión al actuar; sin embargo, es necesario que haya acción, no interminables teorías y discusiones.

Cuando uno afronta este enorme y complicado problema del descontento humano, de la búsqueda humana, de ese anhelo humano de algo que esta más allá de la estructura del pensamiento, uno debe tener pasión por descubrir. Sin embargo, la pasión no es un proceso del pensamiento; la pasión es algo nuevo a cada minuto, es algo vivo, vital, rebosante de energía, mientras que el pensamiento es viejo, viene del pasado, está muerto. Ningún pensamiento es nuevo porque el pensamiento es el resultado de la memoria, de la experiencia, del conocimiento, los cuales pertenecen al tiempo, que es pasado. De ese pasado o regresando a ese pasado no puede nacer la pasión, no es posible revivir algo que está muerto o tener pasión por algo muerto.

Madrás (Chennai), primera charla, 15  de enero de 1967, Obras completas, tomo XVII

La Vida es Accion…

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