Regalos sin Envoltura

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Si tú tienes un amigo en estos momentos, ¡felicidades! Si tienes un amigo desde hace cinco años o más, ¡que afortunado eres en verdad! Pero si logras conservar a un amigo toda la vida, eres alguien anormal.

Así de fácil se puede definir la amistad: es una manera un poco dura, pero no muy alejada de la realidad. Hoy por hoy, cuando los intereses políticos, económicos y sociales están a la orden del día, es tarea difícil ganarse a un amigo no por el puesto que ocupa, por sus cuentas bancarias en todo el mundo o por su incontable número de influencias, sino por algo invaluable, que ni siquiera se puede medir: su corazón.

Cuando nos dan un regalo, lo primero que observamos es como viene envuelto, si tiene moñito, si combinan los colores o si se equivocaron al escribir nuestro nombre en la tarjeta. Así de quisquillosos somos algunos con lo que recibimos.

Ya cuando aceptamos la imagen exterior, viene lo que presuponemos más importante: el contenido. A veces papel multicolor o el tamaño grande de la caja nos dice que vamos a recibir algo fabuloso, y el papel periódico o sin brillo nos hace pensar en algo poco agradable.

Afortunadamente no siempre sucede eso, no es una ecuación matemática que se cumpla al pie de la letra, mucho menos una receta de cocina. Y digo afortunadamente, porque el papel acabara en el bote de basura. Por lo tanto, lo que nos interesa y será útil para nosotros, es lo que traía por dentro. Lo demás sale sobrando.

L a vida también nos ofrece obsequios en todo momento, como los amigos.  Pero estos no se seleccionan a través de una improbable Federación internacional de Amigos, o nos “caen” por medio de un sorteo, rifa o concurso. Los amigos están en el escaparate de la vida y nosotros, ejerciendo nuestra libertad escogeremos los que más nos convengan. Pero ¡cuidado! No podemos decidir por uno o por otro solo por lo que trae puesto,  el automóvil que viene manejando o su forma de sonreír. Esas envolturas no nos sirven. Hay que ir con cada uno para conocer su interior y así asumir nuestras propias decisiones.

No todos con los que nos topemos serán idóneos para nuestra vida; algunos nos caerán mal o no tendrán nuestros mismos pensamientos. Hay que saber elegir con las corazonadas sin dejar a un lado nuestra razón, y en dado caso de que fallemos, solo hay que pensar que tanto ellos como nosotros somos seres humanos, por lo tanto también ocupamos un lugar en los anaqueles de vida de millones.

Pero si una vez quitadas las respectivas envolturas somos capaces de conocer, aceptar, comprender y querer a los “elegidos”, por muy buen tiempo seremos parte del grupo selecto de afortunados.

Si además valoramos ese regalo que tenemos, y lo conservamos por lo que queda de nuestra vida, seremos unos completos anormales. Ojala que el mundo y las futuras generaciones estén llenas de “anormales” así.

 

David Montalvo – Un café con tu conciencia – De la vida y otras cosas.

good day…

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