La Mente Excelente

Si la mente es capaz de escuchar, de ese mismo escuchar nace una mente excelente y de esa mente puede surgir la acción.

Me parece muy importante comprender la cualidad de la mente y sacar la máxima excelencia. La mayoría no estamos interesados en la excelencia de la mente, solo nos interesa lo que debemos hacer. La acción se ha convertido en algo mucho más importante que la cualidad de la mente; sin embargo, para mí, la acción es secundaria. Si me permiten expresarlo, la acción no importa, no es lo importante, porque una mente excelente es asombrosamente creativa, y por tanto de esa asombrosa creatividad surge la acción correcta, una acción que cambia el ‘hacer es ser’ por ‘ser es hacer’.

A la mayoría la acción nos parece vital, importante, y, debido a eso, nos quedamos atrapados en ella, pero por mucho que lo parezca el problema no es la acción. A casi todos nos preocupa cómo vivir, que hacer en ciertas circunstancias, si optar por este o aquel partido político, etc. Si observan verán que por lo general nuestra búsqueda se centra en averiguar cuál es la forma correcta de actuar y, por eso, aparece la ansiedad, la persecución de conocimientos o la búsqueda de un gurú. Buscamos para saber qué debemos hacer, y esta forma de afrontar la vida conduce necesariamente a un gran sufrimiento  y una gran desdicha, a la contradicción no solo dentro de uno sino también en lo social, que por fuerza genera mucha frustración. Para mí la acción es inevitable cuando uno está con lo que es, o sea, escuchar en sí mismo es un acto de humildad. Si la mente es capaz de escuchar, de ese mismo escuchar nace una mente excelente y de esa mente puede surgir la acción. Mientras que sin esa excelencia de la mente, sin esa extraña y asombrosa cualidad creativa, el simple buscar cómo actuar conduce a la mezquindad  y a la superficialidad de la mente y el corazón.

No sé si han advertido como a la mayoría nos preocupa lo que debemos hacer. Probablemente nunca hayan experimentado esa cualidad de la mente que percibe de inmediato la totalidad, estado en el que la percepción misma de la totalidad es su propia acción. Creo que es importante comprender esto porque nuestra cultura nos ha hecho muy superficiales, imitadores, esclavos de la tradición, incapaces de tener una visión amplia, profunda, porque la acción y los resultados rápidos han cegado nuestros ojos. Observen su propia mente y verán que les preocupa cómo deben actuar. Esta constante actividad de la mente centrada en lo que deben hacer solo conduce a pensar de forma muy superficial; sin embargo, si la mente se interesa por percibir la totalidad, no ‘cómo’ percibir la totalidad, ‘que’ método usar, lo cual de nuevo significa estar atrapado en la acción rápida, entonces verán que de ese interés nace la acción, y no al revés.

Bombay, quinta charla, 18 de mayo de 1956, Obras completas, tomo IX

La Vida es Acción

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