El Hombre que se Prendió Fuego

Subo al colectivo. Como todas las mañanas, está
repleto y estoy realmente incómoda, pero me distraigo
pensando en lo que acabo de leer acerca de las
hormigas africanas que decía que, cualquiera que
fuese el número y tamaño de sus adversarias, ellas
las atacaban frenéticamente, sin retroceder nunca y
siempre apuntando a las cabezas de sus enemigas.

!Qué especie tan agresiva! Me pregunto si nunca nadie
les habrá leído a las hormigas africanas el Sutra del
Corazón, que narra cuando le preguntan a Buda cómo
debería proceder un hijo de noble familia que desea
ejercitar la Profunda Prajnaparamita y él contesta que
la forma es vacío, el vacío es forma, y que en el vacío
no hay forma, ni sensaciones, ni percepciones, ni
impulsos, ni emociones, ni conciencia, ni ojo, ni oído,
ni nariz, ni lengua, ni cuerpo, ni mente, ni color, ni
sonido, ni tacto, ni dharma, ni vista, ni pensamiento,
ni ignorancia, ni fin de la ignorancia, ni vejez, ni
muerte, ni fin de la vejez, ni fin de la muerte, ni
sufrimiento, ni origen del sufrimiento, ni cesación del
sufrimiento, ni camino, ni conocimiento, ni logro, ni
no logro.

En el colectivo, como todas las mañanas, una mujer
se desmaya a mi lado, posiblemente debido a la falta
de aire. Sin embargo, hay tantas personas a mi
alrededor que, aun desmayada, permanece de pie y es
como si durmiera un sueño vertical, arrullada por el
acolchado vaivén del vehículo. Mi mente se pierde
nuevamente pensando en las hormigas africanas.

Me pregunto cuántas reencarnaciones les llevará
alcanzar la Iluminación Insuperable. Se dice que a
Buda le llevó diez años de meditación lograr que sus
párpados se desprendieran por fin de sus ojos como
dos hojas de té. Me pregunto cuántos años le llevará
reencarnar a una hormiga y si ésta reencarnará en
alguna otra hormiga o, quizás, en todo un
hormiguero. Algunos científicos dicen que, en
realidad, no es la hormiga el individuo de su especie:
el hormiguero es el individuo y sus células son cada
una de las hormigas.

El colectivo avanza a través de la pululante ciudad y,
de pronto, su marcha se hace más lenta. Observo a
través de la ventanilla. Un hombre está sentado como
un Buda en el medio de la calle. Como cuando alguien
rocía con alcohol un hormiguero y deja caer sobre él
un fósforo, el hombre acaba de prenderse fuego. Las
llamas amarillas abrazan el cuerpo convertido en un
descomunal girasol incandescente que dificulta el
tránsito. Alcanzo a ver su rostro entre las llamas: sus
ojos fijos sin párpados, su rictus imperturbable.

Una mañana tan adecuada como cualquiera, supongo,
para alcanzar finalmente la Iluminación Insuperable.

El Libro del Fin del Mundo – Belén Gache

Anuncios

Un comentario el “El Hombre que se Prendió Fuego

  1. Pingback: Cortos de Belén Gache | Tu Space

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s